domingo, 3 de agosto de 2014

INVIERNO EN BARILOCHE



Viaje a Bariloche. Junio/Julio 2014.

Esta vez no fue “Viajando con amigos” sino “Viajando con nieto”. La idea era una escapada de 5 días a la más importante ciudad turística de invierno en Argentina, para complacer a nuestro nieto Manu, de 9 años, en su deseo de conocer la nieve, ya que Mar del Plata tiene de todo, pero la nieve escasea. Ningún marplatense se olvida de la gran nevada del 1º de agosto de 1991, pero eso ocurrió el milenio pasado, y Manu es gente del tercer milenio.

En este relato contamos qué hicimos en 5 días en Bariloche sin subirnos a una embarcación y sin salir de la ciudad y sus alrededores.

Viajamos por LAN desde Buenos Aires y llegamos normalmente el domingo 30 a la tarde, instalándonos en el Hotel Tangoinn Club de San Martín al 400 y aprovechamos los últimos rayos de sol para recorrer un poco la zona céntrica, con un Centro Cívico siempre hermoso, obra del arq. Alejandro Bustillo, el mismo que hizo el complejo Casino – Hotel Provincial de Mar del Plata, y aquí hizo también la catedral y el grandioso hotel Llao-llao.
Su plaza central presenta ahora a su tradicional estatua ecuestre con una leyenda que dice: "Julio Asesino Roca". Este militar genocida que concebía el progreso no como los revolucionarios de 1810, sino como el exterminio de los indios que habitaban estos lugares, todavía sigue siendo homenajeado en el principal billete argentino, el de 100 pesos, aunque está empezando a ser reemplazado por los que exhiben una imagen que representa una política muy diferente: la de Eva Perón.

EL CIRCUITO CHICO
El lunes contratamos la tradicional excursión Circuito Chico, que recorre la zona barilochense hacia el oeste. A medida que se avanza en esa dirección, la vegetación se va poniendo más frondosa y tupida. Es la estrecha franja de selva valdiviana que se presenta junto a la cordillera de los Andes, que en puntos fronterizos con Chile, como Puerto Blest, tiene precipitaciones de 4000 mm anuales. El centro de Bariloche, a sólo 50 km al este, tiene solo 800 mm, y ya en la estepa patagónica las precipitaciones no pasan de los 200 mm. como Puerto Blest, tiene precipitaciones de 4000 mm anuales, cer la nieve, ya que Mar del  La primera parada es en el Cerro Campanario, que tiene la mejor vista de la región,
subiendo en aerosilla hasta la cumbre, que no es muy alta (1050 m), pero este es un cerro aislado que permite un panorama de 360º abarcando el lago Nahuel Huapi, el Moreno, y la pequeña laguna El Trébol.
Luego se cruza el lago Moreno por una estrecha angostura que lo divide en Moreno Oeste y Moreno Este, y se sigue bordeando el primero, llegando pronto al llamado “punto panorámico”,
desde donde se aprecia, atrás del lago Moreno, el Nahuel Huapi, y en el medio el famoso hotel Llao-llao, lugar hacia donde nos dirigimos,
pasando previamente por el puente sobre la unión entre los lagos Moreno y Nahuel Huapi. Es un verdadero laberinto de lagos esta región!




A la tarde fuimos al cerro Catedral, continuando la excursión de la mañana, aunque en este caso es más conveniente tomar directamente el ómnibus urbano. El Catedral es el principal centro de esquí de Sudamérica, contando actualmente con 40 medios de elevación. Hacía varias semanas que no nevaba, pero tienen allí unos aparatos para fabricar nieve,
con los que habían creado varios sectores de nieve en la base del cerro, lo cual aprovechó Manu para tomar contacto con este elemento, practicar culipatín
y hacer un muñequito de nieve de aspecto extraterrestre. Para ello alquilamos ropa adecuada allí mismo.

A la noche cenamos trucha en el restaurant gallego Breogán, cerca del hotel.


EL CERRO OTTO
El martes contratamos la subida al cerro Otto por el teleférico. Los administradores de esto tienen un quiosquito en una esquina céntrica (calle Mitre) desde donde te llevan en colectivo (sin cargo adicional) hasta la base del teleférico.
El día estaba lluvioso. Mientras ascendíamos en el teleférico íbamos apreciando el panorama sobre el lago y también los barrios que se han ido formando en la ladera del cerro.
 Pero al llegar arriba estábamos dentro de una nube. Apenas se podía ver de cerca la confitería giratoria, y desde dentro el panorama era realmente gris.

 Afuera hay lindas instalaciones como para tirarse en trineo, pero (dato importante) no alquilan ropa, y no habíamos llevado.
 También hay curioso museo con reproducciones del gran artista del Renacimiento Miguel Angel. Las esculturas son de tamaño natural, incluyendo el gigantesco David.

Viajamos en medio del Mundial de Fútbol, y hoy jugaba Argentina con Suiza por los octavos de final. Así que era cita obligada mirar el partido, lo cual hicimos en el hotel, que tenía dispuestas varias pantallas al efecto, y había preparado un almuerzo con pizza, empanadas y cerveza. Allí sufrimos el partido, festejamos el agónico gol de Di María y luego disfrutamos el resultado (1 a 0), sumándonos a la gente que masivamente salió a festejar.
 También aprovechamos para visitar la catedral neogótica, obra del arq. Alejandro Bustillo, como ya mencionamos.

COLONIA SUIZA
El miércoles por la mañana hicimos una corta caminata desde el hotel hasta el “Museo del Chocolate”, frente al lago, en dependencias de Havanna, una firma de vieja raigambre marplatense, que allá fabrica alfajores, y aquí chocolates.
 La breve visita guiada nos permitió conocer los antecedentes indígenas del chocolate (que los mayas tomaban como bebida no dulce, sino picante, y diluida con agua), y contemplar las “esculturas” de la fauna patagónica (cóndor, guanaco, zorro, etc.) que se les ocurrió hacer con chocolate.
 Eso sí, nos convidaron un reconfortante vaso de esta bebida al estilo de los inmigrantes suizos que introdujeron esta industria: caliente, dulce y con leche.
Frente mismo a este museo está el Cerro Viejo, en el que mediante una aerosilla similar a la del Campanario, se accede a un bonito panorama, el que se destaca justamente el cerro Campanario, con su forma cónica y excelentemente ubicado como observatorio
. También se aprecia muy bien la ciudad.
 Y el descenso se puede hacer por un divertido “tobogán gigante”, que no necesita nieve, ya que se baja en un trineo con ruedas que corre por un semi-tubo y solo hay que ir frenando con una palanca al efecto. Manu y yo bajamos de esa manera, mientras que Silvia lo hizo caminando por un senderito. 
Al pie del cerrito se encuentra un pequeño bosque de arrayanes, que permite apreciar estos bellos árboles que forman, en la Isla Victoria, un bosque muy grande. Esa es otra excursión que se hace por embarcación, pero habíamos decidido no andar navegando en este viaje.

 Al mediodía, decidimos hacer otra excursión  por cuenta nuestra a Colonia Suiza, un pacífico pueblito a orillas del lago Moreno, a pocos kilómetros del centro, al que accedimos por colectivo urbano. Hay que consultar los horarios, porque son pocos servicios por día. Nosotros tomamos el que pasaba por el hotel a las 13:30. Bellos paisajes, tranquilidad, gente humilde, la posibilidad de charlar con la abuela Goye, descendiente de los suizos que se asentaron allí en los años 30
 y de comer curanto, comida mapuche hecha bajo tierra con piedras calientes. Muy rico el gustito ahumado de la carne, el pollo, el chorizo y la batata así cocinados. Y si resulta extraño que tengamos que ir a una colonia suiza para comer una comida mapuche, quizá no lo sea tanto. Recordemos que en Madryn los galeses hicieron muy buenas migas con los indios, creo que cualquier pueblo los trató mejor que los españoles!
Muy linda la playita del lago Moreno

donde hicimos amistad con un confiado pato
y el arcaico puente sobre el arroyo Goye.


CERRO LEONES
El jueves hicimos una de las excursiones "alternativas" que ofrece Bariloche, y por cierto resultó muy recomendable. Una visita guiada al cerro Leones, a unos 15 km de la ciudad (acceso por colectivo de línea). No sé si hay en el país muchas actividades que consistan básicamente en recorrer cavernas, pero esta fue mi primera experiencia al respecto. El Leones es un cerro aislado cercano al extremo oriental del lago Nahuel Huapi,
por lo cual se disfruta mucho el ascenso por senderitos empinados pero no muy dificultosos, mientras se contempla el extenso e imponente panorama.
Y también se disfrutan las amplias explicaciones del guía Miguel, que nos informa que este cerro fue descubierto por el Perito Moreno, que fue un volcán, y que de las burbujas del magma volcánico surgieron sus cavernas.
 Estas fueron habitadas durante miles de años por aborígenes que dejaron muchos objetos que se siguen encontrando todavía, aunque todo lo que había a la vista se lo fueron robando, y también pinturas rupestres que aún pueden apreciarse.
La parte más "aventurera" consistió en pasar de una caverna a otra (poniéndose un casco) por un pasadizo en el que hay que arrastrarse y en esa segunda caverna encontrar una mini-lagunita de agua pura. Todo esto en plena oscuridad, iluminados únicamente por la lámpara que llevaba el guía. El guía avisó que este asunto no era para todos (básicamente para los que tuvieran problemas de claustrofobia), y de hecho varios no se animaron a entrar, entre ellos Manu y Silvia, aunque ésta tenía la excusa de quedarse a cuidarlo. Yo no me lo iba a perder, jaja.

Miguel nos explicó que el nombre “Cerro Leones” lo puso el Perito Moreno, porque allí fue donde vio por primera vez al león americano, el puma. Es notable la presencia de don Francisco Pascasio Moreno en toda la Patagonia. Su infatigable accionar fue reflejado por el marplatense Sergio Giaquinta en su novela-homenaje “Patagonia, contra el viento y el olvido”. La relación de Moreno con los pumas es curiosa: así como en Bariloche los vio, mucho más al sur los padeció. Los lagos Viedma y Argentino están unidos por iedma y Argentino estmpdo"r el marplatense Sergio Giaquinta en su novela-homenaje "un corto pero caudaloso río. A sus orillas, el Perito fue atacado por un puma hembra, en 1877, logrando salvar su vida. Por eso llamó a ese río “La Leona”, nombre con el que se lo conoce desde entonces.

NIEVE Y REGRESO.

El viernes 4, día del regreso, nuestros ruegos a la Cucalaucha surtieron efecto y pudimos disfrutar de una buena nevada.
 No se acumuló nieve en el centro, aunque sí la traían encima los autos que llegaban de las afueras, y así lo apreciamos cuando salimos a hacer las consabidas compras de “survenirs” (souvenirs del sur, según el Diccionario de la Irreal Academia, segalimos a hacer las consabidas compras de "77, logrando salvar su vida. As), 
A la tarde, en el aeropuerto y sus inmediaciones constatamos los efectos de la nevada.

Una mención especial para la cálida atención en el hotel Tangoinn Club. Aquí, despidiéndonos de Daniela.

Llegamos sin novedad a Buenos Aires a las 19:30, ya anocheciendo, satisfechos del lindo viajecito a Bariloche, ciudad que exhibe orgullosa una bella conjunción de cerros nevados, lagos y bosques.

1 comentario:

  1. Hay gente que puso comentarios en Facebook, pero no han salido los que pusieron aquí.

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