jueves, 18 de octubre de 2012

SIEMPRE TENDREMOS A PARÍS

3 de setiembre de 2012.
Qué festejo de cumpleaños! Mi mujer Silvia cumplió 60 y lo festejamos en París, ciudad que nos había encantado entre tantas que habíamos visitado hace ya 15 años. Y no fuimos solos, sino que nuestros amigos Diana y Ernesto, Silvia y Chino nos hicieron el honor de “cruzar el charco” con nosotros y acompañarnos en el festejo. Fueron 10 días inolvidables, en los que recorrimos la ciudad y nos contagiamos de su magia y su belleza. Es que como argentinos siempre ha habido algún vínculo con Francia: desde las ideas revolucionarias que iluminaron a nuestros próceres de Mayo, pasando por Madame Ivonne y tantos otros personajes de nuestros tangos, el afán de imitación que quiso hacer de nuestra Mar del Plata una Biarritz argentina, hasta la “izquierda afrancesada” que buscaba inspiración más en el Mayo Francés que en nuestra propia historia.

EL PANTEON,  DONDE LOS REYES NO MANDAN.

En París uno puede empacharse contemplando los lujos y opulencias de los destituidos nobles y monarcas, y el no destituido clero.  Pero hay pocos lugares donde uno pueda palpar lo que fue la gran Revolución Francesa de 1789, aquella que cambió al mundo con su lema “igualdad, libertad, fraternidad”. Comentaba nuestra compañera de viaje Diana que hasta en la Consergierie, que fue prisión revolucionaria para los nobles, se presenta a la encarcelada María Antonieta y sus secuaces como pobres víctimas. Afortunadamante, está el Panteón: allì se honra a los que lucharon por la libertad, a los que enarbolaron las ideas luminosas que los guiaron, y a los que con su esfuerzo y su talento hicieron su contribución al avance de la ciencia.
Uno puede contemplar las tumbas de Voltaire, Rousseau,  Victor Hugo, Emile Zola, Marie Curie, Luis Braille, Jean Jaures, entre otros. Y se puede apreciar cómo desde lo más alto de su enorme cúpula cuelga el péndulo de Foucault, que demuestra la rotación de la tierra, a la par que va indicando la hora.
Pero lo que más me impresionó gratamente fue el homenaje a los que lucharon por la libertad CONTRA Francia.  Acá la tenemos a Silvia junto al muro que recuerda a Louis Delgres (1766/1802), quien se opuso al restablecimiento de la esclavitud por parte de Napoleón en la isla caribeña de Guadalupe, por lo cual enfrentó a las tropas francesas muriendo en combate.
Y también se homenajea allì a François Toussaint Louverture, de raza negra como el anterior,  principal líder de la Revolución Haitiana , primera revolución independentista triunfante en América Latina, que encima abolió el esclavismo y llevó al poder a quienes eran esclavos. Louverture creó un ejército popular que logró derrotó a las tropas imperialiales (25.000 soldados) que envió el otrora revolucionario Napoleón para  destruir a los revolucionarios haitianos.

EL CASTILLO DE DON QUIJOTE.

Desde París hicimos una bonita excursión de día completo al valle del Loira, Patrimonio Mundial de la UNESCO, caracterizado por contar con más de 300 castillos edificados más que nada con fines defensivos en distintas épocas. Visitamos tres de esos castillos, aunque por el camino se vieron algunos más:
Chenonceau, el que avanza sobre un rìo y cuenta con los más extensos y bonitos jardines;
Chambord, el más grandioso, que cuenta con una escalera de doble revolución o de doble hélice diseñada por Leonardo da Vinci, mecanismo similar a la que posee la del Piso de Deportes de Mar del Plata.

y Cheverny, el que cuenta con la mejor ambientación en sus salones y habitaciones.
Este último nos brindó la sorpresa de estar adornado por 34 pinturas sobre Don Quijote de la Mancha. Resulta que el libro de Cervantes era la ùltima moda allá por el siglo XVII cuando la reina María de Medici encargó la decoración de este castillo. Aquí lo vemos a Ernesto explicándole al Chino las características de este inesperado toque hispano en un castillo tan francés.

LA ESTACION ARGENTINA

El metro (subte) de París es un medio muy eficaz para movilizarse en la Ciudad Luz, ya que forma una red muy completa que permite  fácil acceso a cualquier destino. La línea más importante, la Nª 1, que recorre París de este a oeste, nos llevó a La Defense, el barrio hiper-moderno de París que cuenta como emblema con el Gran Arco de Triunfo
un gigantesco cubo de 100 mt  por lado, que está alineado a la distancia con el Arco de Triunfo de L’Etoile, y es como un homenaje moderno a ese famoso monumento napoleónico.  Como curiosidad, es un gran edificio de oficinas, pero no tiene ventanas al exterior, sólo miran hacia adentro del arco y muy disimuladas con sus vidrios espejados.
Lo interesante del viaje por la línea 1 es que es un tren totalmente automatizado, es decir: no tiene conductor, sólo hay vagones (muy confortables) con pasajeros.   Estábamos en manos de la tecnología! Las estaciones tienen un cerco semi-transparente junto al andén. Los trenes paran en cada estación exactamente a la altura de una puerta en el cerco que se abre simultáneamente con la del vagón para dejar subir y bajar a los pasajeros: sincronización y seguridad total.
Pero más curioso para nosotros resultó encontrarnos, cinco estaciones antes de La Defense, con una estación llamada “Argentina”. Tanto nos extrañó que a la vuelta decidimos bajar un rato con Silvia a mirarla: tiene varios afiches luminosos que muestran los grandes atractivos turísticos de mi país (las cataratas del Iguazú, el glaciar Perito Moreno, la quebrada de Humahuaca, etc.), 
y también sus grandes talentos: Gardel, Fangio, el marplatense Piazzola, Niní Marshall, Borges, etc. Nos sentimos en cierta forma muy gratificados con esta distinción parisina, máxime que no vimos otras estaciones que se llamaran Brasil, México, ni siquera España o Italia. Averiguando un poco, encontré que en 1900 esta estación había sido nombrada “Obligado”, porque allí había una calle  en homenaje a la batalla de la Vuelta de Obligado en que la escuadra francesa junto con la inglesa lograron una “victoria pírrica” (así dice Wikipedia) contra la Argentina. Sí, la misma batalla que se conmemora aquí como Día de la Soberanía y que el gobierno actual tuvo el tino de poner por fin como feriado. Pero luego de la segunda guerra mundial, en agradecimiento a la ayuda argentina a la reconstrucción francesa, se le cambió el nombre por el actual, el 25 de mayo de 1948.

BASURA PROFILACTICA

Desde hace años París tiene unos curiosos receptores de basura. Son sencillos aros metálicos de los cuales cuelga libremente una bolsa transparente, lo cual les da un aspecto de profilácticos gigantes. Parece ser que este diseño se adoptó para que sea visible el interior de las bolsas ante la posibilidad de que se introduzcan en ellas artefactos explosivos. Es verdad, no son muy elegantes, no están en onda con el “glamour” de París. Y además, les permiten a los cuervos urbanos picotearlas con avidez.
A PROFILACTICA
no tuvo el tino de poner por fin como feriado.

TORRE EIFFEL CENTELLEANTE

Para subir a la famosísima Torre Eiffel tuvimos un par de buenas ideas: primero adquirir por Internet antes de salir el Paris Museum Pass, que permite el acceso a más de 60 museos y edificios de interés en la ciudad y alrededores, entre ellos el Louvre, el D’Orsay, Versalles, el Arco de Triunfo, Notre Dame y la propia Torre Eiffel.
No tanto por el ahorro obtenido, que no será tanto teniendo en cuenta que uno no va a visitar los 60 museos, sino porque uno se ahorra las enormes colas para sacar entrada, aunque sí hay que hacer las colas para entrar. Excepciones: los edificios católicos. Solo Notre Dame (el acceso a las torres, ya que la entrada al templo por supuesto es gratis) está incluido, no así el Sacre-Coeur, y en Notre Dame tenés que hacer también la cola para sacar entrada.
La segunda buena idea fue ir de noche (llegamos como a las 23:30): la gigantesca torre totalmente ilumninada es impactante, había poca gente, menos amontonamiento y disfrutamos de hermosas vistas nocturnas del cercano Sena y de todo París. Además, a las 12 (como a cada hora nocturna) se prenden una especie de flashes centelleantes durante varios minutos, lo que aumenta la espectacularidad del momento. 
El único inconveniente es que a esa hora ya no funciona el ascensor que lleva hasta la cúspide, de modo que llegamos sólo al segundo nivel (más de 100 metros de altura), pero dicen que desde allí se obtienen las mejores vistas, 

ARBOLES CUADRADOS

Una manía de la jardinería francesa es querer demostrar el dominio del hombre sobre la naturaleza. Así, los típicos jardines franceses ofrecen formas geométricas, simétricas, ordenadas, dibujadas. Y lo máximo consiste en hacer cuadrados a los árboles. Así los tienen recortados en los Jardines de Luxemburgo, 
en Versalles,
en la Plaza de los Vosgos, etc.
Me quedé con las ganas de ver con qué equipamiento hacen ese trabajo en árboles que pueden tener como 10 metros de altura o más.

PARIS DIVERSO

París está poblado por gente de todas las razas y todos los estilos.
Gente paseando un mediodía por la emblemática avenida Champs Ellysee.
Celebración de gente de raza negra frente al cementerio Père-Lachaise.
Muchos orientales (como los que se ven en esta fuente de Stravinsky, junto al centro de arte Pompidou) son, por supuesto, turistas.

LOS CAFES QUE MIRAN A LA CALLE

París es famosa por sus bares y cafés. Los hay por todos lados y uno no puede menos que dejarse tentar por pasar un rato sentado en una mesa al aire libre, en la vereda, disfrutando del buen clima y de la contemplación del paisaje urbano y su gente. Tan importante es esa contemplación para los parisinos que es habitual que los parroquianos se sienten no alrededor de la mesa, sino alineados, mirando hacia la calle. 
Y así apreciar la variada vida parisina, por ejemplo esta simpática movida de “abrazos gratis”.

EL BIDET
El departamento que alquilamos, por el barrio latino, estaba muy bien equipadito. Pero hubo algo que extrañamos (además del mate): el bidet. Parece que este útil sanitario no lo tienen presente en esta ciudad. Por eso en su homenaje comparto el video de la graciosa canción “El barón de Bidet” del grupo catalán La Trinca, que inventa una historia muy parisina para un artefacto ausente en París.

Nos fuimos, pero.. siempre tendremos a París en un rincón del corazón.

NOTA: Esta nota fue reconstruida en junio 2020 (trabajo de cuarentena), ya que el sitio donde se encontraba (pachig.blogspot.es) desapareció al extinguirse el servidor.

sábado, 17 de marzo de 2012

PATAGONIA PROFUNDA




Febrero 2012

Protagonistas principales: Diana, Ernesto, Silvia y Pachi (responsable del relato y las fotos). Otros protagonistas: Barby, el Galgo, Emilia y Santiago.

Vehículo: La Partner de los Roig.



Diario de un viaje intenso por la Patagonia profunda, con sus imponentes paisajes, sus bellezas, sus soledades y sus carencias. Como en todo viaje, uno suele encontrar en determinados lugares temas que despiertan su interés, y que motivan a interiorizarse más durante y después del viaje. En este caso, le dedico algunos párrafos especiales, entre otros temas, a estos: los galeses en Madryn, Magallanes en San Julián,  la “Península” entre lagos, El lago Chelenko y los mayores lagos sudamericanos, la carretera austral chilena y las texturas patagónicas.


Mapa del viaje. Desde Coyhaique a Trevelin viajamos por la carretera austral de Chile. La ruta alternativa que aquí aparece por Argentina no la utilizamos.

PRIMER DESTINO: PUERTO MADRYN

El domingo 29 de enero madrugamos como para estar tipo 7:30 en camino. Es que nos habíamos propuesto llegar ese mismo día a Puerto Madryn, y son 1.240 km desde Mar del Plata. Tanto madrugamos que no estaba abierta todavía la panadería El Trío de Batán cuando pasamos con la idea de aprovisionarnos de las infaltables facturas para acompañar los mates en el viaje. Así que tuvimos que hacer una escala en Tres Arroyos para obtenerlas.


Una vez cruzado el Río Colorado se entra en la Patagonia. Ya había pasado el mediodía, y como no te dejan pasar verduras, frutas ni carnes aunque sean secas en el control bromatológico que te hacen, compramos pan y fiambre por allí, pero anduvimos unos cuantos kilómetros más para comerlos: lo hicimos en un camping de Gral. Conesa, a orillas del otro gran río Patagónico: el Negro.
 
 

Luego continuamos con rumbo sur por la ruta 251 hasta San Antonio Oeste, donde retomamos la ruta 3 llegando a Puerto Madryn todavía de día. Allí compramos unas buenas cerezas patagónicas y nos ubicamos en el moderno departamento del complejo Plas Hedd que teníamos reservado, a una cuadra de la playa, donde Silvia y yo logramos tener la habitación con mejor vista hacia el molino. Luego aprovechamos la noche agradable para pasear por la costanera 


y cenar frutos del mar en el restaurant “Mariscos del Atlántico”.

Al día siguiente aprovechamos la cercanía de la playa para caminar por la arena y hasta mojarnos las patitas en el mar.
El clima un poco fresco no invitaba a darse un chapuzón. A la distancia se veía Punta Cuevas, sitio muy interesante que visitamos por la tarde, luego de almorzar frugalmente en el departamento.

Punta Cuevas es el lugar donde llegaron el 28 de julio de 1865 los primeros 150 colonos galeses a bordo del velero Mimosa, que había partido de Liverpool 2 meses antes, huyendo de la opresión inglesa que reprimía su idioma, sus costumbres y creencias religiosas. Según me contó el administrador del complejo, descendiente de ellos, la mayoría eran mineros que sufrían duras condiciones de trabajo, por eso decidieron largarse a semejante aventura.  Punta Cuevas se llama así porque allí se conservan varias de las cuevas que habitaron los galeses en las barrancas.
En esa época sólo vivían aborígenes en estas áridas tierras, y los recién llegados entablaron buenas relaciones con ellos, a diferencia de lo que ocurría con los españoles (ya veremos lo que ocurrió en San Julián). Por ello se levanta allí un gran monumento al indio, emblemático de esta ciudad,
y también se pueden apreciar inscripciones y figuras hechas con piedras que representan elementos culturales de los habitantes originales de estos lugares.  Hay una placa con los nombres de los pasajeros del Mimosa y un museo alusivo, que estaba cerrado. Luego de tomar una cervecita por el centro y de caminar el largo muelle Piedrabuena,
terminamos cenando en Los Colonos.

PUNTA TOMBO Y SAN JULIAN

Al día siguiente, martes, teníamos previsto otro largo tramo de 868 km hasta Puerto San Julián, previa visita a Punta Tombo, la colonia continental de pingüinos de Magallanes más grande del mundo.  Recorriendo unos 170 km por la ruta 3, se llega al acceso en parte pavimentado hasta esta reserva provincial sorprendentemente muy bien acondicionada para las visitas, teniendo en cuenta que está en medio de la nada: pasarelas, sanitarios, centro de interpretación,
y una confitería todavía no habilitada. Una contra es la zona de llegada y estacionamiento:  pareciera que hubieran elegido el lugar más ventoso.
Recorriendo la pingüinera no se sentía tanto el viento.  Dicen que en esos momentos había más de 400.000 pingüinos en el lugar.
De hecho se ven por todas partes, incluso en los senderos, donde tienen “prioridad de paso”.
En esta época los pichones ya han salido de sus nidos y tienen un tamaño y aspecto bastante parecido al de sus madres, y a las que se las ve acosar ruidosamente para que les den alimento “pico a pico”. 
Si uno viniera en otra época del año, vería otras etapas de su ciclo de vida: en setiembre la llegada de los machos, en octubre la puesta de huevos, en noviembre los primeros nacimientos. Entre abril y agosto los pingüinos están en el mar, navegando hasta el sur de Brasil mientras se alimentan. O sea, estos pingüinos no llegan nunca a la Antártida.

Mientras regresábamos a la ruta 3 nos cruzamos con una importante manada de guanacos.

En esta etapa se recorre la desolada estepa patagónica y hay pocos lugares donde cargar combustible. Sucedía que en todo el país había problemas de abastecimiento, y al llegar a Garayalde, donde no hay casi nada más que la estación de servicio del ACA, los surtidores estaban vacíos.
Gran problema gran, pues había que llegar hasta Comodoro Rivadavia (próximo surtidor disponible) unos 200 kilómetros más adelante, y muy probablemente no nos alcanzaría el gasoil. Son cosas que hay que tener en cuenta en la Patagonia. Como nos dijeron que a lo mejor llegaba un camión con el preciado líquido, esperamos unas 2 horas (frugal almuerzo de sandwiches incluído), pero al ver que nada ocurría decidimos encomendarnos a la Cucalaucha y jugarnos a llegar. Afortunadamente Su Graciosa Divinidad cumplió y con la luz de emergencia de combustible prendida durante muchos kilómetros alcanzamos a llegar a Comodoro, donde el tanque de la Partner casi seco recibió nada menos que 58 litros de combustible!

De Comodoro Rivadavia hasta unos kilómetros después de Caleta Olivia se recorre el más bonito paisaje costero patagónico, con grandes vistas al océano desde diferentes alturas.

Las peripecias del viaje nos hicieron llegar tarde a San Julián. Al llegar al Hotel Ocean que teníamos reservado nos encontramos conque un corte de luz general afectaba a la población.

Así que, día problemático: sin gasoil en el camino y sin luz al llegar.

Fuimos a comer al restaurant D’Angela (a la vuelta) a la luz de las velas hasta que en medio de la agradable cena volvió la luz.



RUMBO A EL CALAFATE

Al día siguiente, temprano, antes de emprender viaje rumbo a El Calafate, recorrimos un poco  San Julián,  bonita población con típicas casas de chapa.
En la costa han instalado una réplica de la Nao Victoria, que funciona como museo.
La nao (nave más importante que una carabela) fue una de las 5 embarcaciones con las que Magallanes pretendió dar la primera vuelta al mundo, y la única que lo consiguió, aunque al final comandada por Elcano, pues Magallanes fue asesinado en las Filipinas. El asunto es que las naves recalaron en esta bahía de San Julián el 31 de marzo de 1520, y habiendo dedidido pasar las inclemencias del invierno en ese resguardado lugar, lo primero que hicieron fue, al día siguiente, una misa, la primera celebrada en territorio argentino. Las invocaciones a las divinidades cristianas no fueron favorables, pues en los días sucesivos se desató un terrible motín entre la tripulación (cansada de que no se encontraba el paso hacia el Pacífico) que fue duramente reprimido por Magallanes: ahí nomás hizo apuñalar, decapitar y ahorcar cristianamente a varios de los sublevados. De modo que inmediatamente después de la primera misa, ocurrió también en San Julián la primera matanza de la historia argentina. Allí también, Magallanes nombró a los aborígenes “patagones” por lo cual se promociona a San Julián como “el origen del mito patagónico”, y también, mostrando la hilacha del tratamiento que los españoles iban a dar a los nativos, y aprovechándose de su comportamiento amigable, decidió secuestrar a varios de ellos para llevarlos de trofeo a España. Pero los “trofeos” no aguantaron y murieron.

En un pintoresco almacén compramos nuevamente cerezas (provenientes de Los Antiguos, futuro destino nuestro y capital de esta fruta) y continuamos viaje,
pasando a los 70 kilómetros por un sitio extraordinario: el Gran Bajo de San Julián, que es ni más ni menos que la depresión más grande de toda América (105 metros bajo el nivel del mar). Ahí tomé conciencia de que Argentina tiene el privilegio de tener no sólo el lugar más alto de América (el Aconcagua) sino también el más bajo. El lugar puede apreciarse desde un mirador en la ruta.  

Así que si hablamos de “Patagonia profunda”, ahí la teníamos delante nuestro.

Al mediodía llegamos a un verdadero oasis patagónico, en el que habíamos acampado Silvia y yo con los chicos en 1995: la Isla Pavón, en el río Santa Cruz. 
La ruta 3 atraviesa la isla, por lo que se baja directamente de la ruta. Nos permitieron visitar el lugar sin costo alguno: cuenta con un camping forestado con cerezos,
un pequeño zoológico, un criadero de truchas que visitamos
y una bonita costanera sobre  este río que trae las aguas del lago Argentino, frías si las hay, puesto que provienen del glaciar Perito Moreno que visitaríamos un par de días después.  Hay buenas instalaciones para realizar un pic-nic, cosa que aprovechamos. 

Al dejar la ruta 3 en Güer Aike para tomar la ruta 5 en lugar de seguir hasta Río Gallegos, alcanzamos el punto más austral de nuestro viaje, y encaramos hacia el noroeste en dirección a la cordillera de Los Andes y a El Calafate. En El Cerrito esta ruta empalma con la “mítica” (está de moda llamarla así) ruta 40, que se abandona 30 kilómetros antes de llegar a destino, por la ruta provincial 11.  Poco antes de llegar un mirador permite apreciar el extremo este del Lago Argentino y el nacimiento del río Santa Cruz en ese extremo.

Llegamos a El Calafate aún de día, y una vez instalados en el hotel Rincón del Calafate (muy acogedor y con buenos precios), fuimos a visitar a Barby, Galgo y Emilia (hija, yerno y nieta  de Ernesto y Diana), con los cuales cumplimos nuestro propósito de cenar cordero patagónico en el  bonito restaurant “Don Pichón", con vista al lago.



EL GLACIAR PERITO MORENO

La mañana del jueves paseamos un poco por la ciudad, visitando a Barby en su bonito local “Muuucho amor”,y luego nos largamos a visitar el famoso glaciar Perito Moreno, una de las 77 maravillas naturales del mundo, según lo votado mundialmente en el concurso que finalmente puso a las Cataratas del Iguazú entre las 7 primeras.

El glaciar se encuentra a 78 kilómetros de El Calafate. Los protagonistas principales de este viaje fuimos en la Partner de Ernesto y Barby fue en la suya, levantando en el camino a dos jóvenes turistas chilenos. El camino va bordeando el Lago Argentino y se empiezan a ver las cumbres nevadas 
El glaciar se hace desear para ser visto, y cuando ello ocurre brotan los suspiros de admiración,  por eso allí está el “Mirador de los suspiros”.  En ese lugar me ofrecí a sacarle una foto a los chicos chilenos, Juan Pablo “el Rata” y su amigo, pues ellos no habían llevado cámara, y a la vuelta se las mandé por mail.

Ya en el sector de las pasarelas, hicimos picnic con vista al glaciar
y luego nos subimos al pequeño óminbus que te sube al sector superior, donde hay buenas instalaciones (sanitarios y demás) para los visitantes.

Así empezamos a recorrer (de arriba hacia abajo) las pasarelas, que están mucho mejor que cuando estuvimos la vez anterior, hace 17 años. El glaciar ofrece imponentes vistas desde todos los ángulos. 

Actualmente el glaciar represa el brazo Rico del lago Argentino al apoyarse sobre la península Magallanes 
haciendo que el nivel del agua en ese brazo sea 7 metros superior al del resto del lago. Llega un momento en que la presión del agua produce la ruptura de esa represa de hielo, pero este fenómeno de gran espectacularidad se da a intervalos muy irregulares (entre 2 y 16 años). La última ruptura fue en julio de 2008. (Luego de escribir esto, tengo que corregirlo, pues el miércoles 1º de marzo, menos de un mes después de nuestra visita, el glaciar comenzó el proceso de ruptura, que se completó en la madrugada del domingo 4.)

Mientras tanto, uno puede ver a cada momento derrumbarse grandes placas de hielo, aunque esta tarde el glaciar tuvo una “floja performance”, pues no alcanzamos a ver desprendimientos.

A la vuelta transitamos tranquilos senderos de tierra hasta el Lago Roca, donde hay un lindo camping en el que acampó la familia Gorricho en la visita antes mencionada.  En el camino se podía ver a lo lejos parte del glaciar. En uno de los senderos encontramos un monumento a los caídos en la revuelta de 1920, conocida como “Patagonia Rebelde”, tema del libro de Osvaldo Bayer que luego fue una gran película de Héctor Olivera.

A la noche, aceptamos la invitación hecha por los chicos de cenar en su casa: exquisitas fugazzettas y empanadas hechas por el Galgo.

Al día siguiente teníamos reservado turno para la caminata por el glaciar. Una experiencia magnífica: te llevan en un barquito hacia un costado del glaciar que da al brazo Rico (opuesto a donde están las pasarelas).
Allí te equipan con unos "grampones" (plataformas de hierro que se atan a las zapatillas y cuentan con una especie de garras para adherirse al hielo) y te van llevando por sobre el glaciar, que es una superficie totalmente irregular, 
llena de subidas, bajadas, cursos de agua,  profundas grietas y orificios,
conformando un espectáculo inigualable. Nos vino muy bien (a nosotros y también a algunos catalanes compañeros de excursión) una tapita de termo que llevamos y con la cual juntábamos agua de la que corría por el glaciar para sofocar la sed,  pues la caminata es cansadora y el tiempo era soleado, gracias a la Cucalaucha.

Al terminar la caminata nos convidaron un whisky enfriado con hielo del mismo glaciar, 
y almorzamos en el refugio, esta vez en lugar de sandwiches, las fugazettas que sobraron de anoche.


Luego volvimos a las pasarelas, donde revoloteaban coloridos comesebos 
a seguir contemplando el magnífico espectáculo de las paredes de hielo, de las que cada tanto se desprenden bloques que caen el lago con gran estruendo.
Esta vez la perfomance del glaciar fue buena.

Al otro día (sábado) era el cumpleaños Nº 2 de la pequeña Emilia. Por la mañana hicimos pequeños paseos por el pueblo y a la tarde una corta visita a la laguna Nimez, pequeña reserva municipal.
Con una caminata de una hora alrededor de la laguna se pueden observar gran cantidad de aves (diversos patos, cauquenes,
bandurrias, cisnes, etc) que resisten los vendavales típicos del lugar.

A la tarde-noche, la gran fiestita de cumpleaños en el Club Andino, frente al lago. 
Cuando estaba por terminar, ocurrió un espectacular vuelco en la costanera justo frente al Club. 
Afortunadamente al pibe que manejaba no le paso nada, pero al auto nuevito de papá…

POR LA PENINSULA RUMBO AL CHALTEN

“La Península”: así llaman al extenso territorio de 5.000 km2 delimitado al norte por el lago Viedma, al sur por el lago Argentino, al oeste por la Cordillera de los Andes y al este por el caudaloso río La Leona, que une ambos lagos. Es decir, un territorio totalmente aislado del resto de la Patagonia hasta 1974, año en que se construyó el puente sobre el río. El domingo salimos temprano rumbo a El Chaltén y al cruzar el  río Santa Cruz recién nacido del Lago Argentino, empezamos a transitar por la Península, siguiendo el curso del río La Leona. En el camino las montañas presentaban escasas líneas de vegetación que a la distancia parecían formar letras. 
Antes de llegar al lago Viedma se encuentra un sitio imperdible: el hotel de campo La Leona, donde paramos a tomar un café. 
Según explica un interesante folleto ofrecido en el lugar, es un establecimiento construido a fines del siglo XIX para dar alojamiento a los pobladores de la Península que debían cruzar sus rebaños de ovejas de la única forma posible en ese entonces: mediante una balsa. En el sitio elegido para la construcción, el perito Francisco Moreno había sido atacado en 1877 por una leona, lo cual dio origen al nombre del río. 
“Las largas esperas para cruzar el río, la aglomeración de peones rurales y el exceso de alcohol produjeron gran cantidad de riñas, que en aquel entonces eran dirimidas mediante duelos criollos que a menudo terminaban con la vida de uno o más de los contrincantes”, explica el impreso. También resulta curioso observar en el bar estilo pulperia, varias fotos del famoso bandido norteamericano Butch Cassidy.
Resulta que este personaje estuvo parando tranquilamente varios días en el lugar, en 1905, luego de haber asaltado un banco en Río Gallegos y antes de huir a Chile. Como ese era el único establecimiento y vínculo de la Península con el resto del país, también recalaron por allí el padre D’Agostini, los grandes escaladores Lionnel Terray y Casimiro Ferrari, y hasta se usó de lugar de detención y fusilamiento de los huelguistas durante la represión de la Patagonia Rebelde, en 1921. O sea, un lugar para sentir de cerca la historia patagónica.

El viaje hasta El Chaltén era corto: 216 km. Así que llegamos pasado el mediodía, a tiempo para encontrarnos con Barby, el Galgo, Emilia y Santiago, sobrino de Diana que había viajado para el cumple de la pequeña;  se habían prendido a acompañarnos en este tramo viajando con la otra Partner. Además, trajeron sandwiches y otros comestibles que sobraron de la fiesta, lo que nos sirvió de buen almuerzo en la cabaña Cerro Torre que habíamos reservado, y desde donde podíamos divisar el famoso cerro Fitz Roy, aunque esporádicamente debido al clima nublado y lloviznoso.

Por la tarde nos largamos a visitar la famosa Laguna del Desierto, escenario de antiguas disputas fronterizas con los chilenos, a 37 km. De pasada, visitamos el pintoresco Chorrillo del Salto
(aquí se los ve divirtiéndose a Barby y Santiago), tras una corta caminata.

El camino a la laguna es muy bonito , siguiendo el Río de las Vueltas, que por algo tiene ese nombre, entre espesos bosques. Al llegar trepamos al mirador  natural (cero instalaciones), donde acomodándonos como podíamos en el escaso espacio nos tomamos unos mates 
mientras mirábamos (con prismáticos) los movimientos de una pareja de cóndores que se posaron en un inaccesible promontorio en lo alto de la montaña vecina. También aprovechamos Santiago y yo para sacarnos una “foto cuerva” en tan emblemático lugar.

Por la noche cenamos en un restaurant de las inmediaciones de este pequeño y prolijo pueblo, “el más joven de Argentina”, ya que fue fundado en 1985 para marcar presencia argentina en estos lugares fronterizos. Tenía 41 habitantes en 1991 y 324 en 2001, Ahora se nota un sólido crecimiento (ya son casi 1000 habitantes) y un fuerte turismo internacional.

Al acostarme puse el despertador a las 6 de la mañana por si las condiciones climáticas permitían ver el Fitz Roy iluminado por los primeros rayos del sol. Dicen que es un maravilloso color naranja el que ofrece a la vista (las pocas veces que se puede ver). Pero no, el cielo estaba totalmente nublado. Al día siguiente lo volví a intentar con el mismo lamentable resultado. Quedará para otra vez.

Ya siendo lunes por la mañana el grupo completo nos largamos a hacer el treking Laguna Capri, pues desde allí se tiene una inmejorable vista al Fitz Roy. La trepada es brava por momentos, aunque muy apreciada por turistas de todas las nacionalidades con los que coincidimos en la actividad. En cierto momento se llega a un bonito mirador hacia el valle del Río de las Vueltas.
Pero cuando faltaba el último envión y la puntita del Fitz Roy ya se asomaba en la lejanía,
empecé a sentir un fuerte dolor en el abdomen, del lado derecho. Esa fue la última foto que pude sacar de esta excursión, ya que al ver que no se me pasaba descansando, tuve que emprender el descenso acompañado de Silvia, Barby, el Galgo y Emilia.  El resto de la expedición pudo llegar y  tener buenas vistas debido a la mejora del clima.
Galgo nos llevó a a la salita de salud del pueblo y ahí pude comprobar el excelente servicio que brindan, ya que inmediatamente me hicieron un electrocardigrama, análisis de orina, revisación general y llegaron a la conclusión de que padecía un cólico renal. Me canalizaron, me pusieron suero y un calmante, lo cual me alivió rápidamente el dolor. Aparentemente la causa del problema fue no haberme hidratado lo suficiente en un clima tan seco. Así que a la tarde me dediqué al reposo (sentía bastante cansancio y además pesadez estomacal)… y a tomar agua, y mis compañeros de aventuras se quedaron también en la cabaña jugando al truco.
Por la noche se despidieron y pegaron la vuelta al Calafate nuestros jóvenes acompañantes en este tramo.

CUEVA DE LAS MANOS Y LOS ANTIGUOS

Al día siguiente, ya mejorado (los dolores me volvieron atenuados dos o tres veces, pero se me pasaron con unas pastillitas calmantes) emprendimos viaje rumbo a Los Antiguos (642 km al norte), plataforma para nuestro previsto cruce a Chile.  Había que volver hacia la ruta 40 y darle para arriba. Esta vez había muchos kilómetros de ripio. Al pasar junto al Lago Cardiel se ve una curiosa “pirámide” delante.
Luego, viento, polvareda y el ripio que nos destrozó por primera vez una cubierta.
En Bajo Caracoles comimos unos sandwiches y encaramos hacia la Cueva de las Manos, junto al Río Pinturas, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Allí, provistos de cascos ante la eventualidad de que se desprendan cascotes por el fuerte viento, visitamos esas sagradas paredes con pinturas de entre 3 y 9 mil años de antigüedad. 
No solamente son manos.en positivo y negativo, sino también figuras humanas, de animales y geométricas. 
También es muy bonito el lugar donde se encuentra el sitio, una profunda quebrada.

Ya de noche, intentamos obtener alojamiento en Perito Moreno, ya que no habíamos reservado  como en los sitios anteriores, pero no había lugar. En uno de los hoteles nos conectaron telefónicamente con la hostería Antigua Patagonia, de Los Antiguos, y hacia allí (60 km más) nos dirigimos. Resultó estar a la entrada de la población, en la orilla del lago, con una hermosa vista.

El lago Chelenko (nombre original tehuelche, que significa “aguas turbulentas”) ha sido bautizado Buenos Aires del lado argentino y Gral. Carrera del lado chileno. Yo opino que por simplicidad y por respeto a los habitantes originarios de estas tierras, se debería utilizar el nombre indígena. De hecho, muchos lo están haciendo actualmente. La extensión total de este lago es de 1.850 km2, el más grande de la Patagonia.
Es curioso que tanto en Chile como en la Argentina, en diversas publicaciones y folletos se lo menciona como “el segundo en Sudamérica por su extensión”. Sin embargo, por los datos que pude recabar, el ranking de lagos sudamericanos es el siguiente: 1º) Maracaibo (Venezuela): 13820 km2; 2º) de los Patos (Brasil): 10144 km2, que visitamos en nuestro viaje a las Sierras Gauchas en 2009;  3º) Titicaca (Bolivia/Perú): 8562 km2; 4º) Mar Chiquita (Córdoba, Argentina) 6.000 km2; 5º) Poopó (Bolivia) 2337 km2 y recién 6º) el Chelenko, con 1850 km2. Si se objeta que los dos primeros de la lista no serían propiamente lagos, pues ambos están conectados al mar (el asunto está en discusion) y el brasilero es propiamente una albufera, el Chelenko solo ascendería al 4º lugar.

EL LAGO CHELENKO EN CHILE

Al margen de su extensión, el Chelenko es un lago cuya belleza pudimos apreciar especialmente del lado chileno. Sólo 11 km separan a Los Antiguos de la frontera. Allí, tras un trámite que resultó breve, llegamos rápidamente a la primera localidad chilena: Chile Chico, donde nos aprovisionamos para el almuerzo en un supermercado. Inmediatamente comenzamos a transitar los duros caminos de ripio chilenos, en este caso la ruta 265 bordeando el lago Chelenko.  El primer mirador es hacia la laguna Verde, una geografía atormentada, lo más distinto a la pampa argentina que se puede imaginar.
Luego empiezan las maravillosas vistas hacia el lago Chelenko, con un fondo espectacular de montañas arboladas con cumbres nevadas. 
Al llegar a Puerto Bertrand, extremo sur del lago, hicimos un alto.


Allí accedimos a la Carretera Austral y enseguida pudimos apreciar en conjunto al lago Bertrand y al Chelenko atrás. 
El camino continúa hacia el sur siguiendo ahora el curso del río Baker, cuya confluencia con el río Nef se podía ver haciendo una caminata bastante cansadora 
o también desde la ruta. 

Llegamos a Cochrane con tiempo como para conseguir alojamiento, pero esto no fue tan sencillo: había poca oferta, de baja calidad y todo ocupado. Al fin conseguimos un precario hospedaje, dos pequeñas habitaciones con baño compartido.  Paseamos un poco por este pequeño pueblo 
en cuya plaza hay un monumento al huemul (dice ser “el último refugio” de este animal, aunque no vimos ninguno)
y muy curiosamente para nosotros un monumento al mate.
Es que en esta zona sureña el mate es habitual, y ya tuvimos una primera prueba de ello cuando los aduaneros que nos atendieron en la frontera estaban disfrutando de esta criolla infusión. .

La que estuvo buena fue la cena enfrente del alojamiento (uno de los pocos lugares disponibles). Allí nos enteramos por el televisor de la triste noticia de la muerte del Flaco Spinetta.

Este fue el punto más austral visitado en Chile. La idea inicial era seguir más al sur hasta Caleta Tortel, pero no nos daban los tiempos ni el estado de los caminos invitaba a hacer más kilómetros. De modo que continuamos por la Carretera Austral, pero con rumbo norte.


La Carretera Austral (que lamentablemente lleva aún el nombre de General Pinochet, que aunque no se use está presente en algún cartel) fue construida en épocas de este feroz dictador, más que nada con la finalidad de trasladar pertrechos militares ante la escalada belicista con Argentina. Será por eso que parece más apta para andar con vehículos con oruga que con ruedas (exagerando un poco). Fue una de las obras más costosas y ambiciosas del siglo XX en Chile, por las dificultades técnicas que presentaba su trazado ante la irregularidad del terreno dominado por los Andes, islas, lagos, fiordos y campos de hielo.  Pinochet puso a trabajar en esta obra a 10.000 soldados.

Llegando nuevamente al lago Chelenko, esta vez lo bordeamos por el lado occidental. Volvieron los grandes paisajes 
y al llegar a Puerto Tranquilo paramos para hacer una excursión recomendada: las Catedrales de Mármol. Te llevan en un botecito por el lago hasta unos afloramientos de mármol cercanos a la costa, que por sus formas caprichosas sugieren templos con sus bóvedas y columnas.
El paseo permite un muy cercano contacto con estas formaciones: el botecito se mete en los recovecos y uno puede disfrutar la vista y el tacto del noble material.

Luego volvimos al pueblo a comprar algunos alimentos para el almuerzo 
y continuamos por el duro camino que nos costó la rotura de otra rueda. Menos mal que previsoramente Ernesto había llevado 2 auxilios. Estábamos advertidos de que en Cerro Castillo comenzaba el asfalto, pero ese lugar parecía no llegar nunca. Cuando llegamos, nos encontramos con la sorpresa de que en esa población, y justo donde empezaba el asfalto, un piquete que protestaba por la falta de viviendas cortaba la ruta! 
Luego de esperar una media hora mirando el cerro Castillo
nos permitieron pasar y con el alivio del camino asfaltado atravesamos lindas zonas arboladas 
hasta llegar a Coyhaique, la principal población de la región, donde pudimos conseguir un amplio departamento para pernoctar, nos pusimos en campaña para reponer las 2 cubiertas destruidas y cenamos en la pizzería “Mamma gaucha”.

DE COYHAIQUE A TREVELIN

A la mañana temprano nos pusieron las 2 gomas y continuamos hacia el norte por la nuevamente dura carretera austral, ya que el asfalto terminó al salir de Coyhaique y el ripio apareció peor que nunca.  Al llegar al río Mañihuales cometimos una distracción (el GPS estaba sin sonido) y seguimos de largo hacia Puerto Aysen cuando había que doblar a la derecha.  Pegamos la vuelta, y por Villa Amengual paramos en el mirador del río Cisnes, con buenas panorámicas. 
El camino se tornaba cada vez más deficiente, y el clima más humedo. Abundaban las grandes hojas de las nalcas por los costados. 
De pronto el camino empezó a bordear una gran extensión de agua. Esta vez no era un lago sino el mismísimo Oceano Pacífico, penetrando profundamente en el continente mediante el llamado “brazo Puyuhuapi”.
En el extremo norte de este brazo se encuentra justamente la localidad llamada Puyuhuapi, donde paramos a cargar combustible y descargar vejigas.
En villa Santa Lucía abandonamos definitivamente la carretera austral para tomar la 235, igual de mala, hasta llegar a Futaleufú y la frontera. Hechos los trámites correspondientes, reingresamos a nuestro país y recalamos en Trevelín, donde conseguimos buen alojamiento en la hostería Estefanía, cenando (como correspondía por ser viernes) en una parrilla, llamada Oregón.

ULTIMOS TRAMOS

Estábamos a 1.720 km de Mar del Plata y sólo teníamos el sábado y domingo para llegar. Hubo que meterle pata. Hicimos un alto en El Bolsón, donde recorrimos la gran feria de artesanos.
Luego una paradita en el mirador del río Limay  
y un poco más adelante un picnic a sus orillas.
Pernoctamos en el Hotel Cipolletti, de esa ciudad. En Cochrane nos habíamos enterado de la muerte de Spinetta; aquí nos enteramos de la muerte de otra cantante famosa: Withney Houston.

Al día siguiente el tramo final sin novedad hasta Mar del Plata, adonde llegamos antes del anochecer, lamentando que al día siguiente todos debíamos retomar nuestros trabajos habituales.



LAS TEXTURAS DE LA PATAGONIA  

Antes de finalizar, quiero deslizar un comentario sobre este tema. Uno disfruta de los viajes más que nada con la vista: los paisajes, los monumentos, las construcciones, la fauna y la flora. Un poco también con el oído: el canto de los pájaros, el murmullo de los ríos, el estruendo de los bloques de hielo que se desprenden del glaciar. El olfato y el gusto se complacen con los sabores de las comidas y las bebidas típicas, y con algún fruto del lugar, como en nuestro caso el modesto michay o calafate cordillerano que probamos en nuestro viaje a Neuquén y quizás cumpliéndose la profecía volvimos a los Andes donde por supuesto lo volvimos a juntar de su mata para comerlo y continuar apostando a una futura vuelta.

Pero el tacto es quizás, de los cinco, el sentido que menos se ejercita en los viajes. Y sin embargo, es útil ponerlo en acción para disfrutar una apreciación sensorial completa. Por empezar, al juntar calafates se puede sentir una desagradable sensación al pincharse con las espinas de la planta: hay que tener cuidado. También mediante el tacto se sufre el persistente viento patagónico. Pero otras sensaciones táctiles son más agradables y seguro quedarán guardadas en la memoria del que las experimenta: la suave dureza del mármol en las “catedrales” del lago Chelenko; el frío de los cristales de hielo del glaciar; y de las aguas de los lagos son algunas de estas sensaciones. Otras, menos habituales pero que recomiendo es la sensación táctil que dan diversas plantas lugareñas. En especial, uno no puede dejar de recomendar comprobar la suavidad extrema de las ramas oscuras de la lenga, árbol o arbusto típico de los bosques cordilleranos. Diana, que se interesó en la cuestión, pudo comprobarlo y quiso dejar registro fotográfico de un esbelto ejemplar destacado en las pasarelas del glaciar.
Una sorpresa agradable, pues uno espera encontrar sólo agresivas y rústicas plantas espìnosas en estos lugares y no esta amigable especie que da gusto acariciar con toda confianza. Contrariamente, el aspecto de las grandes hojas de las nalcas contrasta con la sensación al tocarlas: son rígidas, acartonadas y ásperas.


NOTA: Esta nota fue reconstruida en junio 2020 (trabajo de cuarentena), ya que el sitio donde se encontraba (pachig.blogspot.es) desapareció al extinguirse el servidor.