Julio 2009
Participantes: Diana Otero, Ernesto Roig, Silvia
Mercère, Francisco “Pachi” Gorricho.
Vehículo: El Honda Fit de los Roig.
Resumen: Un gratificante recorrido por un Brasil
cercano y diferente, con las selvas frías de nuestras montañas patagónicas, el
estilo alpino, las araucarias de nuestro Neuquen y los resabios gauchos de lo
que supo ser parte integrante del Virreynato del Río de la Plata.
SABADO 18: ESCALA EN ROSARIO
Si bien vivimos en Mar del Plata, este viaje comienza
en Buenos Aires, donde vive nuestro hijo Martín
Para ir de Buenos Aires a Gramado no hace falta pasar por Rosario, pero
nosotros lo hicimos. El motivo fue que el año pasado Silvia y yo habíamos ido
con otros viajeros (El Chino y La
Palomita) y tenían interés en hacer una pasadita. Llegamos
con sol como para recorrer en auto el elegante bulevar Oroño, visitar el
monumento al Che Guevara y hacer una caminata por la costa cerca del Museo de
Arte Moderno. Luego, ya oscuro, nos tomamos un café en el Bar El Cairo (tuvimos
la suerte de que la mesa que usaba el Negro Fontanarrosa estaba desocupada),
recorrimos el magnífico edificio de la antigua tienda La Favorita (actualmente
Falabella), caminamos por la peatonal y cenamos cerca del hotel. Más sobre Rosario en nuestro viaje anterior.
DOMINGO 19: ENTRANDO EN TIERRAS GAÚCHAS
Salimos temprano para hacer un largo tramo de 800 km hasta Sao Gabriel.
Una vez cruzado el enorme puente
sobre el brazo principal del Paraná, hay 60 km. de puentes y
terraplenes sobre el “desierto de agua” del delta hasta Victoria.Allí empieza la ondulada tierra entrerriana (lomadas), ondulaciones que se prolongan en Uruguay (cuchillas) y también en el sur de Brasil. Habiendo salido de Rosario de Santa Fe, este tramo nos deparaba pasar por otros dos Rosarios: del Tala, en Entre Ríos, y do Sul en Brasil. Pero antes había que pasar las aduanas. Al cruzar el puente Colón - Paysandú alguien nos indicó que pasáramos por un puesto en el que no había nadie. De modo que continuamos nuestro camino sin hacer ningún trámite, dejando de lado así las grandes demoras que nos anunciaban en distintos blogs que ocurren aquí. Algunas horas después habíamos cruzado el “paisito” contemplando lindos paisajes de campiñas, especialmente en el “Valle del Edén”, cerca de Tacuarembó, y nos encontrábamos en Rivera, en la frontera con Brasil. Al explicarle al funcionario uruguayo que no teníamos ningún papel de entrada, nos dijo simplemente “entonces no les hago ningún papel de salida”. Así rumbeamos hacia la aduana brasilera, que está en la misma ciudad, que del lado brasilero se llama Santana do Livramento. Acá se complica la cosa por falta de señalización. Recomiendo llevar impreso el planito y las indicaciones que aparecen en http://enautoabrasil.blogspot.com, haciendo clik, de los croquis que aparecen al principio, en el que indica “Colón – Paysandú”. La aduana allí se llama “Policía Federal Brasilera”. Allí nos atendieron prestamente, pues estaban muy entretenidos mirando el clásico gaúcho Gremio – Inter que se estaba jugando en ese momento en Porto Alegre. Llegamos justo cuando nuestro compatriota Maxi López hacía el gol del triunfo para el Gremio con lo cual salió al día siguiente en la tapa de todos los diarios. Nota de 2020: volvimos a pasar por aquí el año pasado (viaje a Florianópolis) y ahora se hacen los trámites uruguayo y brasilero en el mismo lugar, en un shopping, mucho más sencillo.
Entre la distancia y los trámites se nos hizo de
noche al llegar a Sao Gabriel, donde nos hospedamos en el hotel Obino, que
habíamos reservado.
Dimos una vueltita a pie por esta ciudad chata y tranquila,
de 62.000 habitantes, aunque la plaza
central estaba llena de adolescentes escuchando música y tomando mate. Esta ciudad “gaúcha” presenta la curiosidad
de haber sido fundada por el célebre naturalista Felix de Azara en 1800 como
baluarte del Virreynato del Río de la
Plata en las Misiones Orientales. En su fundación participó
el General Artigas que al mando de sus blandengues desalojó a los pobladores
portugueses, que más adelante recuperaron estos territorios, que ahora forman
parte del estado más sureño de Brasil, Río Grande do Sul, más extenso que
Uruguay y con más de once millones de habitantes.
Nos llamó la atención no encontrar lugares donde
cenar. Tuvimos que volver hacia la ruta, en cuyas cercanías había un par de
restaurantes abiertos. Cenamos en uno que era de esos de “autoservicio” en
donde pasamos bastante frío.
LUNES 20: GRAMADO
En el tramo Sao Gabriel – Porto Alegre empiezan a
aparecer los peajes (hay 2) que son bastante más caros que los argentinos
(mínimo 7 reales que al cambio actual son 14 pesos) y los pardais (radares). Hay 5 en los últimos
cien kilómetros y hay que estar atentos. Los brasileros, como nosotros, suelen
establecer normas que nadie cumple. En la ruta los carteles anuncian que la
velocidad máxima es de 80 km
por hora. Nadie la respeta, salvo donde están los pardais, siempre en zonas
semi-urbanizadas, que establecen una velocidad máxima de 50 ó 60 km/hora y que
hay que respetar a rajatabla, pues caso contrario te cobran la multa en la
frontera al regresar. No hacen trampa, ya que los anuncian debidamente con
carteles.
Esta zona está muy trabajada agrícolamente,
destacándose los arrozales, y en los costados hay gente ofreciendo artesanías
gauchescas (ponchos, artículos de cuero, etc.).
También hay que estar atento al pasar por la gran
urbe de Porto Alegre. La ruta 290 por la que veníamos se superpone luego con la
116. Se cruzan varios puentes sobre cantidad de ríos que marcan el comienzo de
la gigantesca Laguna dos Patos (la segunda más grande de Sudamérica, después
del lago Maracaibo en Venezuela), y se van viendo los rascacielos de la ciudad.
Al cruzar el puente principal sobre el río Guaiba
hay que fijarse bien en los carteles que indican “Praias de norte”, Canoas,
Sapucaia do sul o Novo Hamburgo, y nos
irán desviando hacia la izquierda. Así continuaremos por la ruta 116 (la 290
sigue rumbo a Florianopolis) atravesando largos kilómetros de suburbios hasta
Novo Hamburgo. En este punto un gran cartel indica “Gramado y Canela” hacia la
derecha. Sin embargo es recomendable continuar derecho por la 116 rumbo a
Caixas do Sul, desviando antes, en Nova Petrópolis hacia la derecha por ruta
RS235. Lo recomiendo porque esta es una ruta muy bonita, llamada “ruta
romántica” que ya saliendo de la gris urbanización que llega hasta Novo
Hamburgo, empieza a subir las Sierras Gaúchas, demás de 800 mt de altura, llenas
de bucólicos pueblitos y frondosa vegetación, ya que forman parte de la selva llamada "mata atlántica". Así empezamos a disfrutar de
estas hermosas sierras dominadas por la araucaria angustifolia, también
llamada Pino Paraná, pariente cercano y muy parecido al pehuén neuquino
(araucaria araucana), acerca del cual puede leerse mi relato del viaje a Neuquén.
En Nova Petrópolis ya empieza la “Región de las
Hortensias”. La ruta 235 se llama aquí justamente Avenida de las Hortensias, y
por ella se llega a las otras poblaciones turísticas: Gramado, Canela y Sao
Francisco de Paula. Es una zona casi totalmente urbanizada, pero en estilo
jardín: ninguna construcción supera los 4 pisos, prevalece nítidamente el
estilo de construcción alpino, se cuidan mucho los parques y la vegetación.
Otra curiosidad es que no hay semáforos, pero los automovilistas respetan y dan
prioridad siempre al peatón que cruza por los pasos cebra. Las plantas de
hortensia son las más abundantes. Lamentablemente en esta época invernal no
están en flor, y la mayoría están podadas esperando el rebrote primaveral.
Al llegar a Gramado nos dirigimos a la Posada Zermatt, donde teníamos
reservadas dos habitaciones por 4 días.
Resultó muy bien atendida, en forma familiar, por Dalciomar, su esposa Terezinha y su hija, y con unos desayunos espectaculares, con abundancia de exquisitas tortas caseras, variedad de jugos, frutas, fiambres, quesos, panes y dulces. Como para empezar los días “a pleno”!! Como habíamos llegado al mediodía, decidimos comprar algo de fiambre y hacer un picnic en el Lago Negro. Hacia allí nos dirigimos caminando, pues este es un pequeño lago artificial en medio de la ciudad, donde la gente va a pasear y a navegar en graciosos botes a pedal con forma de barco pirata o de cisne.
En el camino fuimos apreciando la hermosa urbanización y forestación de esta ciudad de 33.000 habitantes.
Resultó muy bien atendida, en forma familiar, por Dalciomar, su esposa Terezinha y su hija, y con unos desayunos espectaculares, con abundancia de exquisitas tortas caseras, variedad de jugos, frutas, fiambres, quesos, panes y dulces. Como para empezar los días “a pleno”!! Como habíamos llegado al mediodía, decidimos comprar algo de fiambre y hacer un picnic en el Lago Negro. Hacia allí nos dirigimos caminando, pues este es un pequeño lago artificial en medio de la ciudad, donde la gente va a pasear y a navegar en graciosos botes a pedal con forma de barco pirata o de cisne.
En el camino fuimos apreciando la hermosa urbanización y forestación de esta ciudad de 33.000 habitantes.
Al llegar la noche, al buscar donde cenar nos dimos
cuenta que los precios también eran caros comparados con los argentinos.
Dalciomar nos recomendó el Galeto Italia, Av. Das Hortensias 707, donde tienen
un menú fijo, con pastas, pollo, lechón, etc. e incluyen sopas y postres a
elegir en forma “autoservicio”. Una opción interesante es el “buffet de sopas”,
más económico, que sólo incluye las sopas y el postre, a voluntad. Además, el
lugar está amenizado por suaves melodías internacionales que entona un cantante
que se acompaña con un órgano. Entre ellas la gardeliana “El día que me
quieras”.
MARTES 21: PARQUES DO CARACOL Y DA FERRADURA
Decidimos encarar el principal atractivo de esta
zona: el parque do Caracol, a sólo 7
km. El costo de la entrada es de 10 reales por persona.
Es un parque muy bien instalado y organizado. Hay restaurant, parrillas y
lugares para hacer pic-nic. También diversos atractivos vinculados, tales como
un mirador al que se accede por un ascensor (pagando), un trencito que recorre
el parque hacia una “aldea india” (también pagando), puestos de venta de
artesanías ,
restaurant, un centro histórico ambiental, etc. También hay una aerosilla, pocos metros fuera del parque. Estaba muy concurrido, por eso al llegar al mirador principal, había que esperar turno para sacar la foto a la cascada que cae “a pique” desde una cornisa, con 130 mt. de altura. Comentamos que su aspecto es muy parecido al Salto del Agrio, en Neuquen, claro que con mucha más altura y vegetación. Se ve desde bastante lejos, pero el amplio valle que la rodea completa un panorama de gran belleza.
restaurant, un centro histórico ambiental, etc. También hay una aerosilla, pocos metros fuera del parque. Estaba muy concurrido, por eso al llegar al mirador principal, había que esperar turno para sacar la foto a la cascada que cae “a pique” desde una cornisa, con 130 mt. de altura. Comentamos que su aspecto es muy parecido al Salto del Agrio, en Neuquen, claro que con mucha más altura y vegetación. Se ve desde bastante lejos, pero el amplio valle que la rodea completa un panorama de gran belleza.
Al entrar nos habían avisado que no estaba
habilitada la escalera de 900 escalones que baja junto a la cascada. De modo
que, pensamos en forma positiva, nos ahorramos el esfuerzo que íbamos a
realizar, pero evidentemente nos perdimos un atractivo importante.
Lo que hicimos fue recorrer el circuito organizado,
muy tranqui y descansado. Lo más exigente fue desviarse por el sendero hacia
las ruinas del molino, desde donde podía verse otra hermosa cascada previa a la
principal.
Más arriba, el río forma rápidos, y se ensancha en
un terreno más plano entre altas barrancas.
Luego de hacer el consabido pic-nic cerca del
Centro Histórico Ambiental, nos jugamos a que el escaso sol de julio nos
permitiría otro paseo y decidimos encarar para el Parque da Ferradura,
recomendado por Daniel523, aunque él le había dedicado todo el día. Pero
teniendo en cuenta la cercanía (7
km. más continuando el camino) y que no habíamos tenido
que bajar los 900 escalones, consideramos que estábamos en condiciones de
hacerlo. Pero acá el panorama cambia completamente: en el civilizado Parque do
Caracol se acaba el pavimento y empieza un camino de tierra bastante precario,
con la curiosidad de que se llama “camino das gracias” pues es el lugar elegido
por los cristianos para manifestar su veneración a diversos santos y vírgenes
mediante altarcitos con inscripciones a todo lo largo del camino. A mí, como no
soy supersticioso, se me ocurrió comentar en ese momento que no necesito que me
proteja ninguna virgen, más bien las vírgenes son las que tienen que protegerse de mí… ;).
Al entrar en el parque, hay que abonar otros 8
reales, pero sí que vale la pena. El parque, mucho menos concurrido que el
anterior, y con menos servicios, presenta a poco de andar un espectáculo
imponente: la vista panorámica hacia un enorme cañón de 400 mt de profundidad
en forma de herradura (de ahí el nombre del parque), en el fondo del cual
discurre el río Cai.
Desde distintos miradores se aprecian varias
perspectivas del mismo.
Son destacables los altos barrancos de piedra
y la desembocadura del Arroyo del Cazador en el río.
Hasta allí se puede llegar caminando por otro sendero, pero no nos daba el tiempo ni el cansancio para hacerlo. Sólo nos desviamos para hacer un sendero “de los coatíes” de 10 minutos a través de la selva. No se presentó en ese trayecto ningún coatí, pero sí cuando estábamos ya por subir al auto para regresar, un grupo de 20 ó 30 coatíes fue cruzando tranquilamente el camino para el lado del cañón. Alcanzamos a fotografíar a un rezagado.
Son destacables los altos barrancos de piedra
y la desembocadura del Arroyo del Cazador en el río.
Hasta allí se puede llegar caminando por otro sendero, pero no nos daba el tiempo ni el cansancio para hacerlo. Sólo nos desviamos para hacer un sendero “de los coatíes” de 10 minutos a través de la selva. No se presentó en ese trayecto ningún coatí, pero sí cuando estábamos ya por subir al auto para regresar, un grupo de 20 ó 30 coatíes fue cruzando tranquilamente el camino para el lado del cañón. Alcanzamos a fotografíar a un rezagado.
Para completar la jornada, de regreso paramos en el
Castelinho Caracol,
un caserón construido en 1913/15 con madera de araucaria, recomendado también por Daniel523 para probar los famosos apfel-strudel, infantables en el ambiente alemán de estos lugares. Allí, aparte de la cafetería funciona un museo, con las habitaciones ambientadas como aquella época. No se puede acceder a la confitería sin abonar la entrada al museo (6 reales).
un caserón construido en 1913/15 con madera de araucaria, recomendado también por Daniel523 para probar los famosos apfel-strudel, infantables en el ambiente alemán de estos lugares. Allí, aparte de la cafetería funciona un museo, con las habitaciones ambientadas como aquella época. No se puede acceder a la confitería sin abonar la entrada al museo (6 reales).
El predio está en un bonito parque junto a un
arroyo que se puede cruzar por un puente de madera techado.
MIERCOLES 22: CANELA Y PARQUE DAS CORREDEIRAS
No sé si adjudicarlo a no haber dejado ventilación
en la habitación (no a la comida, pues todos cenamos pizza y yo fui el único
afectado), la cuestión es que me levanté con mucho dolor de cabeza y una
descompostura que fue en aumento, a punto tal que tuve que dejar el magnífico
desayuno y recostarme clavándome un Sertal a ver si se me pasaba. Mientras
tanto mis compañeros de viaje fueron al centro a pasear y hacer algunas
compras. Al descansar una horita ya me sentí mejor y me levanté. Dalciomar
gentilmente me preparó un té de boldo para ayudar a la mejoría. Así que me uní
al resto del grupo para seguir la recorrida. La idea era visitar Canela y algún
parque por las inmediaciones.
Canela está separada de Gramado por el Valle del
Quilombo (paradójicamente, ya que como dijimos, son ciudades muy ordenaditas).
La amplitud de este valle se puede apreciar desde el mirador Belvedere, con
sólo estacionar el auto en ese tramo del camino,
justo frente a la “aldeia de Papai Noel”, otro de los tantos entretenimientos que tienen para los turistas en estos lugares, y que nosotros, más orientados a la Naturaleza, no consumimos.
justo frente a la “aldeia de Papai Noel”, otro de los tantos entretenimientos que tienen para los turistas en estos lugares, y que nosotros, más orientados a la Naturaleza, no consumimos.
Estando en estos lugares hay que estar atentos
porque entre Gramado y Canela hay dos “fiscalizaciones electrónicas” (aquí no
las llaman pardais, pero es lo mismo). Si bien están debidamente señalizadas,
hay que tener cuidado de no pasar a más de 50 km. por hora. La velocidad
a la que uno pasa la puede ver en un indicador luminoso.
Ya entrando en Canela (recordemos que prácticamente
no hay separación entre ambas ciudades), llama la atención un edificio del cual
parece haber caído desde el primer piso una locomotora.
Es un montaje efectuado para promocionar otro atractivo: El Museo “Mundo a Vapor”, que ofrece maquetas y exhibiciones de la época en que el mundo se movía a vapor, como la locomtora. Para más realismo, la máquina (impecablemente mantenida) echa humo y efectúa pitidos. Junto al museo funciona una gran feria de productos textiles que fue ávidamente visitada por nuestras mujeres (aunque todo nos parecía caro).
Es un montaje efectuado para promocionar otro atractivo: El Museo “Mundo a Vapor”, que ofrece maquetas y exhibiciones de la época en que el mundo se movía a vapor, como la locomtora. Para más realismo, la máquina (impecablemente mantenida) echa humo y efectúa pitidos. Junto al museo funciona una gran feria de productos textiles que fue ávidamente visitada por nuestras mujeres (aunque todo nos parecía caro).
Canela es una ciudad un poco más grande que Gramado
(40.000 habitantes), con un estilo similar pero más antigua y no tan elegante.
Es reconocida la belleza y magnitud de su Catedral de Piedra
. Se nos hacía la hora de almorzar y decidimos seguir la recomendación de Daniel235: la sandwichería frente a la plaza (Skillo Lanches) y no salimos defraudados.
. Se nos hacía la hora de almorzar y decidimos seguir la recomendación de Daniel235: la sandwichería frente a la plaza (Skillo Lanches) y no salimos defraudados.
Luego del almuerzo (ligero, como corresponde a excursionistas activos)
encaramos un poco al azar hacia el “Parque das Corredeiras” (rápidos). a 10
km por camino de tierra. Resultó muy lindo el camino que atraviesa en permanente bajada zonas rurales
"gaúchas", con criaderos de ovejas, vacas y chanchos y cultivos de
banano, viñedos, etc. Y al llegar nos encontramos con la grata sorpresa de que no habia nadie (nadie en la entrada, nadie
atendiendo y nadie recorriendo). Ya era un poco tarde, pero con suficiente luz
como para recorrer la orilla de un río (el Paranhana) con bonitos rápidos (corredeiras) entre una espesa
vegetación, como todo por estas sierras .
El lugar es muy utilizado para practicar rafting, claro que con menos frío. Así que resultó un grato paseo, no tanto para el Honda que tuvo que cinchar cuesta arriba a la vuelta!!
El lugar es muy utilizado para practicar rafting, claro que con menos frío. Así que resultó un grato paseo, no tanto para el Honda que tuvo que cinchar cuesta arriba a la vuelta!!
JUEVES 23: PARQUE DAS 8 CACHOEIRAS
En
nuestro último día en las Sierras Gaúchas otra vez nos dejamos aconsejar por el
uruguayo Daniel y visitar el Parque das 8 Cachoeiras (cascadas). Para ello
había que llegarse hasta Sao Francisco de Paula, la última ciudad de las sierras (40 km. al este de Gramado), y
la menos alemana y más gaucha de todas. Resultó ser otro parque de exhuberante
vegetación pero de estilo más salvaje. Puedo concluir que fuimos en un
“crescendo de salvajismo” en nuestras visitas a los parques, desde el civilizado Caracol hasta éste. Casi no
nos cruzamos con nadie en las caminatas, y éstas fueron largas y de diversa
dificultad. Para ver las 8 cascadas habria que haberle dedicado más de un día.
Nosotros caminamos (o más bien trepamos) hacia 4 de ellas. Los recorridos eran a través de una selva espesa, con mucha humedad que
transformaba la tierra en barrito a veces resbaladizo. La infraestructura
disponible no era mucha: a veces había cadenas para ir sosteniéndose en el
ascenso, otras veces habia que agarrarse de alguna liana o rama cercana. A
veces habia puentecitos precarios para cruzar los cursos de agua, otras veces
habia que hacer equilibrio por las piedras. Nos ligamos algunos golpes y
mojaduras, pero la recompensa siempre era buena pues las cascadas eran imponentes: entre 36
y 75 metros
de altura en ese marco de vegetación lujuriosa, en la que se destacaban no
tanto las araucarias sino las palmeras xaxim,que no superan en el mejor de los casos los 3 metros pero tienen hermosas hojas en forma de helechos. Se ve que se sienten muy a gusto en esos ambientes con poca luz y mucha humedad. El primer sendero que hicimos fue el más corto y sencillo (15 minutos) y nos permtió conocer la cascada quizá más hermosa: la del remanso, de 75 mt. de altura.
Tuve que enfrentar algunos cuestionamientos de mis compañeros por pretender efectuar un “ranking de belleza” de las cascadas. Pero, por qué no? Así como un perro dálmata se considera más lindo si tiene las manchas bien distrubuidas, una cascada puede ser más o menos bella poniendo en consideración no sólo su altura (elemento fundamental) sino, por caso, si la caida es más vertical (la de Caracol es insuperable en esto), si el curso de agua es más o menos ancho, unificado o se divide en varias ramas (opino que es mejor lo primero), etc.
La cascada del remanso obtiene altos puntajes en todos estos items.
Luego
fuimos hacia la Cascada Escondida,
continuando el camino de la anterior, pero bastante más extenso y dificultoso.
Aquí nos encontramos con muchas piedras en el camino (literalmente)
y al llegar, una cascada de inferior calidad que la anterior,
con bajo puntaje también en otro ítem: la comodidad para mirarla. Había que andar haciendo equilibrio
entre piedras y agua para más o menos encontrar un sitio desde donde obtener una foto aceptable.
Había
que volver al sector administrativo del parque para encarar las otras dos
cascadas. Ernesto y Diana mostraban en sus “bum-bums” (forma simpática de
nombrar en Brasil a lo que nosotros llamamos incorrectamente “cola”) manchas de barro producto de sendos
resbalones. Previa ingestión de unos sandwiches y el consiguiente descanso
reparador, nos largamos por el sendero que conduce a las cascadas Neblina y
Ronda. Este sendero en un momento se bifurca. Elegimos ir primero a Neblina.
Con las dificultades del caso nos encontramos con una hermosa cascada que la pongo en tercer lugar en el ranking de lo visto en estos
pagos, luego de Caracol y Remanso, fallando sólo en tener una altura mucho menor: 36 mt. Hubo que desandar el camino hacia la bifurcación y ahí empezó lo más bravo. El acceso a la cascada Ronda fue el más dificultoso lejos, incluyendo el tener que trepar escarpadas subidas (solamente en algunos casos había cadenas de ayuda) y cruzar un río por piedras móviles y resbalosas. Aquí la única que salió indemne fue mi mujer, Silvia, ya que Ernesto y yo dimos con nuestro pie adentro del agua y Diana golpeó su rodilla contra las piedras; afortundamente pudo seguir el camino. Luego repasé el relato de Daniel y advertí que no se habían animado a hacer este cruce, pensando (con más prudencia que nosotros) que una lesión le podría haber imposibilitado manejar al regreso. Pero bueno, llegamos y el premio fue la cascada Nº 4 en el ranking. Ojo: hay que considerar que el volumen de agua puede afectar notablemente la calidad de la cascada. Es muy probable que el caudal de las caídas sea variable, y que el que vimos no sea el mayor caudal posible. De ser así, la cascada Ronda, con más volumen de agua, mejoraría mucho su aspecto.
Al regresar a Sao Francisco de Paula dimos una vuelta al laguito de la ciudad, muy cuidado y prolijo, con sus veredas, banquitos y mansos patos y gansos muy domesticados. Lamentablemente en este paseíto tranquilo una goma (Michelin) chocó el cordón de la vereda y se rompió. Hubo que cambiarla y se nos creó la necesidad de comprar otra al regreso, en algún local de Michelin para aprovechar que estaban en garantía.
Por Internet ubicamos uno en Novo Hamburgo.
VIERNES 24: LAGUNA DOS PATOS
Llegó
el momento del regreso, y esta vez hicimos una variación: ya recorrida la bella
pero sinuosa “ruta romántica” a la ida, era preferible a la vuelta tomar la vía
más rápida hacia Novo Hamburgo: ruta 115 hacia Taquará, y de allí la ruta 239,
vía Sapiranga. Resultó una carretera agradable, y nos permitió despedirnos con
bellos paisajes de las Sierras Gaúchas, sus araucarias y sus palmeras xaxim. En
Novo Hamburgo tuvimos dificultades para ubicar la gomería, pero al fin hicimos
el cambio del neumático y seguimos viaje, por la misma autopista 116 por la que
habíamos ingresado (aunque por el carril opuesto, jaja), hasta Porto Alegre. Casi
llegando a Gauaiba la ruta deja de ser autopista y se bifurca. Allí volvimos a
cambiar el rumbo: en lugar de volver por la ruta 290 hacia Sao Gabriel,
continuamos hacia el sur por la 116, que corre junto a la enorme Laguna dos
Patos, de 250 km
de largo, ya mencionada. Teníamos dudas en elegir este camino pues otro
uruguayo, Charlypoa, mencionaba que había mucho tránsito de camiones desde y
hacia el super puerto de Río Grande, y que en días de lluvia se juntaba agua.
Ese día hubo fuertes tormentas en Sao Paulo y otros lugares brasileros, pero no
aquí, así que nos largamos, sin mayores inconvenientes pese al intenso tráfico.
Antes de llegar a Pelotas (antes habíamos estado en el valle del Quilombo y
ahora andábamos en Pelotas), entramos en Sao Lourenço do Sul, la posibilidad
más accesible de ver la Laguna
dos Patos, a pocos km de la ruta. Resultó una ciudad de 45.000 habitantes,
antigua y agradable, con mucha actividad teniendo en cuenta la hora siestera a
la que llegamos. Punto de abastecimiento para la fuerte actividad agrícola de la región, y además, puerto de pesca con
sus pintorescas lanchitas de colores amarradas en la desembocadura del río
Camacuá. Llegando a la costanera, la laguna
por cierto no se diferencia del mar abierto salvo en la falta de oleaje y en sabor dulce de sus aguas, lo cual pudimos comprobar acercándonos a la orilla. Eso sí, el clima frio y ventoso no daba para hacer un picnic, asi que esta vez los sandwiches los comimos dentro del auto.
Al sur del puerto de Rio Grande termina la laguna de los Patos y también el intenso tránsito de camiones que van y vienen desde Porto Alegre. Asi que el recorrido fue mas tranquilo. El camino atraviesa en seguida la reserva natural de Taim, donde pudimos ver muchas aves (caranchos, garzas, cigueñas)y los grandes carpinchos que junto con otros bichos que habian intentado cruzar la ruta se veian aplastados sobre la misma. Hay que estar atentos pues hasta caimanes se pueden ver, según a documentado fotográficamente Charlypoa. Luego el paisaje se entró a parecer mucho a la llanura pampeana bonaerense, quizás más desolada todavia,
hasta llegar a la frontera con Uruguay (Chui - Chuy) a donde llegamos de noche, dado lo extenso del trayecto encarado. De ahí nos largamos hasta Punta del Este, donde pernoctamos, luego de conseguir alojamiento en el lindo Hotel Bonne Etoile, a precio más bajo que en Gramado.
SABADO 25: DE PUNTA DEL ESTE A COLONIA
Antes
de emprender viaje rumbo a Colonia, donde nos esperaba a las 19 el Buquebus que
habíamos contratado por Internet días atrás desde Gramado, dimos un paseíto por
este glamoroso balneario, en estos momentos fuera de temporada. Nos sacamos una
foto junto a la famosa “mano” obra del escultor chileno Mario Irrazábal. Este artista tiene hecha una escultura igual en una playa de Puerto Natale, bien al sur de Chile, que vimos hace años. Luego recorrimos la costa hacia el norte, observando las lujosas edificaciones y deteniéndonos en La Barra (desembocadura del arroyo Maldonado). El viento hacía flamear con ganas a la bandera uruguaya.
El arroyo es cruzado allí por un curioso “puente ondulante”, obra del arquitecto Leonel Viera en 1965.
La extraña forma de este puente (que Ernesto cruzó rápido para hacernos subir las medialunas que habíamos comido en el desayuno), me invitó a la reflexión: habrá querido este artista reflejar así la ondulada campiña uruguaya? Quién sabe… O quizá
simplemente las olas del mar…Había que seguir rumbo a Colonia. Y elegimos la mejor ruta disponible, la autopista costera que pasa por Montevideo. La ruta penetra en la capital de Uruguay, pero eso no fue inconveniente ya que disfrutamos de la extensa costanera montevideana iluminada por un sol radiante. Qué apertura tiene Montevideo al Río de la Plata, a diferencia de Buenos Aires, que siempre le dio la espalda!
Poco antes de llegar a Colonia se acaba la autopista y pasa a ser ruta simple, aunque vimos largos tramos bien avanzados de construcción de la otra mano. Y ya cerca de nuestro destino,
la ruta aparece bellamente rodeada de palmeras.
En Colonia almorzamos unos “chivitos” (sandwiches de carne) y visitamos el Casco Histórico (declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1995).
Nos acercamos al puerto con tiempo como para hacer los trámites, subir el auto y asegurarnos buena ubicación en
las mesitas que nos permitiera distraernos jugando a las cartas durante el extenso viaje de más de 3 horas.
Llegamos a Buenos Aires a eso de las 22:30.
NOTA:
Esta nota fue reconstruida en junio 2020 (trabajo de cuarentena), ya
que el sitio donde se encontraba (pachig.blogspot.es) desapareció al
extinguirse el servidor.