viernes, 26 de noviembre de 2021

LA ERA DEL HIELO



Viaje a los glaciares del campo de hielo patagónico sur (El Calafate y El Chaltén)

Del 6 al 12 de noviembre 2021

Viajeros: Juanita, Silvia, Manu, Lucas, Santi, Nico y el autor de este relato.

Vehículos: avión de Aerolíneas Argentinas de Buenos Aires a El Calafate, ómnibus, catamarán por el Lago Argentino y mucho pie para las caminatas y trepadas.

Relatos y fotos: Pachi Gorricho

Después del duro receso impuesto por la pandemia de coronavirus, pudimos por fin concretar este viaje con nuestro nieto Manu y sus tres primos mayores, más Juanita, la otra abuela de todos ellos.

DESDE EL CHALTÉN

Partimos desde Aeroparque el sábado a las 14:45, llegando al aeropuerto de El Calafate poco antes de las 18. El comandante del vuelo felicitó por los parlantes a Manu por su cumpleaños.

Mediante el Transporte El Alamo que teníamos contratado hicimos los 200 km hasta El Chaltén, donde teníamos previsto alojamiento por dos días, en el Apart Andino, ubicado en el nuevo “barrio alto” de esa pequeña localidad de 1600 habitantes, frente a una montaña.


Al día siguiente hicimos nuestra primera caminata. Acá está el grupo (sin el fotógrafo) recién salido del hotel.


El objetivo era el “chorrillo del salto”, una pequeña cascada a unos 5 kilómetros bordeando el Río de las Vueltas, camino a la Laguna del Desierto. Fuimos por la ruta de ripio. No era lo más seguro porque no había banquina para peatones, pero pasaban pocos autos. El río ocupa un ancho valle, pero tenía poco caudal, así que Nico bajó a caminar y juntar cantos rodados.


En cierto momento comienza un sendero peatonal que atraviesa el bosque andinopatagónico, pero faltaba mucho para llegar, pues va paralelo al camino, y lo cruza un par de veces.

Al final llegamos al lugar donde estacionan los vehículos para llegar al chorrillo, y tras unos 500 metros más de caminata llegamos al lugar. 


Silvia y yo ya lo habíamos visitado en nuestro viaje de 2012.

La vuelta decidimos hacerla directamente por la ruta (menos complicada).

Al caer la noche la bondad del clima nos permitió ver una bella conjunción de Venus con la luna. Aquí se ve a ambos astros sobre el cerro Solo, con su glaciar. 


El cerro Solo uno de los que forma el gran nunatak en el que se destaca el imponente cerro Chaltén (en idioma aoniken: montaña humeante, debido a las nubes que habitualmente lo rodean). El perito Francisco Pascasio Moreno lo bautizó “Fitz Roy” en homenaje al capitán del HMS Beagle, famoso por llevar a Charles Darwin en su expedición de los años 1831 a 1836. Pero los fundadores de la población El Chaltén, en 1985, eligieron el nombre autóctono, y yo también.

Al día siguiente (lunes 8) teníamos prevista la excursión en minibus a la Laguna del Desierto. Por la misma ruta que caminamos el día anterior, dejamos atrás el chorrillo del salto, donde una camioneta se estaba prendiendo fuego. 


Nos detuvimos en un mirador donde, gracias a que nos seguía acompañando un poco habitual cielo despejado, tuvimos una gran vista del nunatak en el que sobresale el cerro Chaltén. 

Un nunatak (vocablo esquimal) es un pico o grupo de picos que emerge de un campo de hielo. En este caso se trata del campo de hielo patagónico sur, compartido con Chile.

Ya en las inmediaciones de la Laguna del Desierto paramos en la “Plaza Soberanía”, que recuerda los enfrentamientos fronterizos con Chile que se produjeron en 1965, en los que murió el carabinero chileno Hernán Merino.


Por allí cerca había una bonita cascada en medio del bosque andinopatagónico.


Llegados a la Laguna del Desierto me saqué esta foto con los chicos.


Otra vista magnífica del Chaltén teníamos desde allí.


El manejo de esos lugares es privado, pertenecen a la estancia Lago del Desierto. Allí han puesto unas instalaciones (baños, mesas) que pudimos usar sin cargo debido a que estaba incluído en la excursión.
Pero la trepada opcional hasta el glaciar Huemul la cobraban $ 600 por cabeza, pese a que no había ningún tipo de servicio, salvo las marcas amarillas en algunos árboles para indicar el camino, y algunas sogas para agarrarte en los lugares más empinados, en el último tramo de la subida.

Juanita prefirió quedarse, y los demás iniciamos la trepada que transcurre toda por el medio del bosque, y nos alegramos de encontrar al poco de andar una hembra del pato de los torrentes (merganetta armata), endémico del bosque andinopatagónico, con sus polluelos.


Llegando a lo más alto volvimos a ver a lo lejos al Chaltén.


A los pocos metros teníamos ante nosotros al glaciar Huemul, que al estar en retroceso no llega ya con sus hielos hacia la laguna redonda que hay en su base.


Al bajar nos encontramos con el monstruo del bosque, un árbol con cara. 


Quizás fue el que me hizo tropezar con una raiz y dar con mis huesos contra el suelo, pero salvo lo de experimentar eso que dicen que te hicieron morder el polvo, un pequeño magullón en la nariz y un dolor de un par de días en la muñeca que usé para apoyarme, no pasó a mayores.

Así que nos reencontramos con Juanita y como habíamos convenido, el minibus nos hizo pasar por el Apart Andino para recoger las valijas que habíamos dejado y nos llevó a la terminal, donde tomamos el ómnibus de línea que nos llevó hasta El Calafate. Al avanzar en la ruta, ya en la aridez de la meseta patagónica, tuvimos nuestras últimas vistas del Chaltén y demás cerros del nunatak, incluyendo el delgado cerro Torre y las agujas aledañas Egger y Standhary, aprovechando las excelentes condiciones meteorológicas. Curiosamente no sería la última vez que veríamos al Chaltén en estas vacaciones.


El viaje tuvo una escala en el parador La Leona, junto al caudaloso río homónimo que une los lagos Viedma y Argentino, que Silvia y yo habíamos conocido en el viaje de 2012. (e)



Al llegar a El Calafate nos alojamos en el hostel homónimo.

DESDE EL CALAFATE

El martes 9 nos dedicamos a pasear por el centro comercial que se extiende muy bien concentrado a lo largo de la avenida del Libertador. 


Allí hicimos averiguaciones para viajar el día siguiente hasta el glaciar Perito Moreno, que está a 70 km, y descubrimos que a raíz de la pandemia dejaron de circular los ómnibus de linea que hacían el viaje y sólo están las excursiones que hacen las agencias de turismo. Así que contratamos el servicio, a $ 3000 por cabeza. También paseamos por la costanera Presidente Néstor Kirchner, a la que se me ocurrió llamar “nera”, ya que es una costanera sin costa. En efecto, por más que caminamos varias cuadras hacia un lado y otro de la rotonda de la calle Los Gauchos, en lugar del lago vimos mucha vegetación, incluyendo árboles. 

Pero del lado interno del murallón hay instaladas defensas consistentes en cantos rodados contenidos en redes, en previsión de inundaciones, así que el paisaje puede cambiar.

Al día siguiente nos pasaron a buscar temprano para la “excursión de las pasarelas”, es decir la visita al famoso glaciar Perito Moreno, que no fue designado como una de las siete maravillas naturales del mundo porque a lo mejor pensaron que era mucho que Argentina tuviera más de una (fueron elegidas las cataratas del Iguazú).

El glaciar se hace esperar para ser visto, pero cuando eso ocurre el lugar se llama “mirador de los suspiros”, porque despierta suspiros de admiración. 


Silvia y yo ya habíamos ido dos veces. En 1995 las instalaciones eran muy precarias; en el 2012 se habían hecho modernas y extensas pasarelas. Ahora aún estaban, aunque se notaba falta de mantenimiento en las barandas de madera.

Nuestra guía nos acompañó hasta el comienzo de las pasarelas y nos explicó las opciones con el gran mapa allí puesto, siendo escuchada atentamente por Nico, y los demás. 


Hicimos casi todos los recorridos, obteniendo hermosas vistas. 



El glaciar estaba empezando a formar el dique sobre el brazo Rico, que con el tiempo da origen a una espectacular ruptura que atrae turistas de todo el mundo. 


En cierto momento un carancho (polyborus plancus) confiadamente se posó en una pasarela muy cerca de nosotros, seguramente esperando comida. Pero estaba lleno de carteles prohibiendo alimentar a la fauna. 




Al día siguiente teníamos contratada la excursión lacustre “Todo glaciares” con Patagonia Chic. Nuevamente nos pasaron a buscar temprano (a las 7, considerando estos horarios el hostel comienza los desayunos a las 6:30 de la matina). Nos llevaron en ómnibus hasta el puerto Punta Bandera, por la misma ruta 11 por la que habíamos ido a las pasarelas, pero son solamente 49 km. Allí nos embarcamos en un confortable catamarán que después de atravesar el estrecho más angosto del lago Argentino (llamado Boca del Diablo) comenzó a navegar por el brazo norte del mismo. 


Los chicos aprovechaban para jugar al truco. 

Así llegamos a ver el glaciar Upsala, pero de lejos, ya que por razones de seguridad no dejan acercarse a menos de 11 km. 


Sí pudimos apreciar de cerca grandes témpanos desprendidos de este glaciar, que es el triple de extenso (765 km2) y de ancho (13 km) y también más largo (53,7 km) que el Perito Moreno, que solo lo supera en altura de su frente (60 metros contra 40). 

Personal del barco “pescó” un pequeño témpano que fue circulando entre los pasajeros. 


La navegación continuó por el canal Spegazzini, y nos detuvimos en el trayecto a contemplar el glaciar Seco, uno de los tantos glaciares que bajan de la montaña pero ya no llegan con sus hielos al agua. 


Al fondo del canal sí que llega al agua el glaciar Spegazzini, con sus paredes de 135 mt que son el doble de altas que las del Perito Moreno. 


Allí cerca hicieron hace 2 años un puerto con pasarelas, carteles explicativos, sanitarios, y también un amplio lugar para almorzar lo que uno hubiera llevado, ya que no hay provisión de alimentos. Pero no lo utilizamos, ya que el día estaba tan lindo que preferimos hacer pic-nic en la playita de arenas negras, contemplando el imponente paisaje.


Nico quería juntar el tempanito que estaba cerquita de la orilla, pero al no obtener permiso se le adelantaron otros muchachos que lo usaron de sillón. 


Luego nos acercamos con el catamarán hasta el glaciar esperando presenciar algún gran desprendimiento, que no se produjo, y emprendimos la vuelta. 


El día siguiente, viernes, era el del regreso. Así que aprovechamos la mañana para hacer algunas compras, y luego compartimos una amena charla en el jardín del hostel con Marta, amiga de Juanita que vive en El Calafate y con el arquitecto Horacio Richard's, que resultó ser su esposo y al que yo conocía de Mar del Plata. 


A las 19:35, puntualmente salió el avión para Buenos Aires. A poco de despegar, el buen clima que continuaba nos permitió contemplar a los que veníamos en el lado izquierdo del avión una vista panorámica del lago Viedma, con el enorme glaciar que lo alimenta (977 km2), y atrás el nunatak en donde se destaca nuevamente el gran cerro Chaltén.


Una magnífica vista de despedida de estas hermosas tierras dominadas conjuntamente por el hielo, las montañas y el bosque. Regiones con gran presencia y mejor futuro turístico internacional, ya que son únicas en el mundo.