Protagonistas: Diana, Silvia, Ernesto, Pachi
26 de setiembre al 7
de octubre de 2019 (12 días)
Vehículo: la Berlingo de Ernesto.
Más de 4400 kilómetros recorridos.
Hicimos el viaje en 3 etapas: 1) Mar del Plata – Buenos
Aires, aprovechando que teníamos alojamiento disponible en la capital; 2) Sao Gabriel; 3) Florianopolis.
Optamos por entrar por Uruguay (Paysandú – Rivera) en lugar
de evitar el paisito entrando por Uruguaiana. Eran 100 km menos y mejor ruta,
que compensaban el adicional de trámites aduaneros.
Hasta Porto Alegre son 1600 kilómetros de pampa: bonearense,
entrerriana, uruguaya y brasilera. Desde
Entre Ríos la pampa empieza a ondularse, pero la vegetación, los cultivos, la
ganadería, las aves son muy similares. Podemos destacar como más propios de la
pampa brasilera los arrozales y los lapachos que estaban en flor (amarillos a
la ida y rosados a la vuelta).
Pero el ave que más vimos por la ruta brasilera
290 es nuestro conocido tordo renegrido, cuyo nombre científico es bien
nuestro: Molothrus bonariensis. Esa ruta, que tomamos en Rosario do Sul (en
bastante mal estado por cierto) es anunciada en los carteles como “ruta pampa
gaúcha”.
Hicimos noche en Sao Gabriel (Estado de Río Grande do Sul),
donde también habíamos parado en nuestro viaje a las Sierras Gaúchas. Pero esta vez el hotel “La campaña” no estaba en la ciudad, sino en la misma ruta, muy práctico para viajeros de paso como nosotros.
donde también habíamos parado en nuestro viaje a las Sierras Gaúchas. Pero esta vez el hotel “La campaña” no estaba en la ciudad, sino en la misma ruta, muy práctico para viajeros de paso como nosotros.
En Porto Alegre, después de pasar al lado del nuevo estadio del Gremio,
cambiamos la ruta que habíamos hecho hace 10 años yendo a las Sierras Gaúchas. En lugar de ir hacia el norte continuamos hacia el mar. De allí hacia el norte el camino transcurre por una estrecha llanura costera limitada por la Serra Geral, pero lo que se ve a la derecha no es el mar, sino multitud de lagunas. Una de ellas, la laguna Imarui, 100 kilómetros antes de llegar a Florianopolis, se ve que no pudo ser esquivada por los que diseñaron la ruta y tuvieron que hacer un enorme puente para cruzarla.
cambiamos la ruta que habíamos hecho hace 10 años yendo a las Sierras Gaúchas. En lugar de ir hacia el norte continuamos hacia el mar. De allí hacia el norte el camino transcurre por una estrecha llanura costera limitada por la Serra Geral, pero lo que se ve a la derecha no es el mar, sino multitud de lagunas. Una de ellas, la laguna Imarui, 100 kilómetros antes de llegar a Florianopolis, se ve que no pudo ser esquivada por los que diseñaron la ruta y tuvieron que hacer un enorme puente para cruzarla.
PLAYA DE LOS INGLESES
La primera actividad fue una larga caminata por la playa
contigua al hotel, de casi 5 km de extensión.
Llegamos hasta el gran médano que marca el extremo sur de dicha playa.
Llegamos hasta el gran médano que marca el extremo sur de dicha playa.
Al día siguiente caminamos mucho menos hasta el extremo
norte, donde el morro de frondosa vegetación se intruduce en el mar.
Esta región forma parte de la llamada “Mata atlántica”, selva tropical que se extiende por todo el litoral brasilero hasta Río Grande do Sul, y por el interior llega hasta la provincia argentina de Misiones. Ya habíamos estado en estrecho contacto con esta selva en nuestro anterior viaje a Isla Grande.
Esta región forma parte de la llamada “Mata atlántica”, selva tropical que se extiende por todo el litoral brasilero hasta Río Grande do Sul, y por el interior llega hasta la provincia argentina de Misiones. Ya habíamos estado en estrecho contacto con esta selva en nuestro anterior viaje a Isla Grande.
El barrio de la playa de los ingleses tiene un sector
comercial que también recorrimos, con locales de venta de souvenirs y algunos
gastronómicos, con poca actividad en esta época.
Otro día lo dedicamos a una recorrida en auto hasta la lagoa
da Conceicao, que ocupa gran parte del centro de la isla. Primero visitamos la
Barra da lagoa, playa donde desemboca el arroyo que desagua la laguna.
Luego caminamos por la orilla de la laguna, y
aprovechamos para almorzar “secuencia de camarones” en uno de los muchos
restaurants que se encuentran allí.
CENTRO DE FLORIANOPOLIS
Un día lo dedicamos a recorrer el centro. Tomamos un bus que
finalizó su recorrido en la terminal que está a pasos de la Plaza XV de
Noviembre, la principal de la ciudad.
Junto a la plaza está el imperdible Museo Histórico, en un
edificio palaciego. Se llama palacio Cruz e Souza en homenaje al poeta simbolista
del siglo XIX nacido en Florianópolis, que en ese entonces se llamaba Nuestra
Señora del Destierro.
El museo tenía una exposición temporal de moda y exhibe muebles y objetos domésticos de distintas épocas. Se destaca su arquitectura lujosa, con vitrales, estatuas, balaustradas de mármol de Carrara,
y muy en
especial los pisos de madera, que forman figuras geométricas distintas en cada
ambiente, hechas con tablas de distintas maderas.Te hacen poner una especie de
chancletas-patines para no estropearlos.
El museo tenía una exposición temporal de moda y exhibe muebles y objetos domésticos de distintas épocas. Se destaca su arquitectura lujosa, con vitrales, estatuas, balaustradas de mármol de Carrara,
Luego caminamos hasta el Mercado Público, edificio histórico
inaugurado en 1898 en ese estilo colonial muy propio de esta ciudad.
Muy variado y prolijo, cuenta con locales gastronómicos en uno de los cuales comimos unos “pasteis”, especie de empanadas fritas que en nuestro caso fueron de camarones.
Muy variado y prolijo, cuenta con locales gastronómicos en uno de los cuales comimos unos “pasteis”, especie de empanadas fritas que en nuestro caso fueron de camarones.
Luego caminamos en dirección a los puentes que unen esta
isla de Santa Catarina con el continente, pero nos cansamos antes de llegar y
emprendimos el regreso. Volvimos a la
plaza XV de noviembre, para visitar la catedral, donde había una protesta
estudiantil.
La catedral es muy luminosa y su estilo concuerda con el habitual en esta ciudad.
La catedral es muy luminosa y su estilo concuerda con el habitual en esta ciudad.
Tomamos el ómnibus de regreso y dedicamos el resto de la tarde a la pileta cubierta del
hotel.
OTRAS PLAYAS
El último día lo dedicamos a recorrer otras de las más de
100 playas que tiene esta isla. Fuimos con la Berlingo a Jurere, que tiene un
barrio residencial muy elegante.
Luego a Daniela, con una pequeña playita
aledaña.
Santo Antonio de Lisboa,
un pueblito al estilo portugués donde almorzamos rabas junto a la playa y visitamos la iglesia.
Finalizamos con Cacupe, que tiene una bonita vereda costanera y vista a los edificios del continente.
un pueblito al estilo portugués donde almorzamos rabas junto a la playa y visitamos la iglesia.
Finalizamos con Cacupe, que tiene una bonita vereda costanera y vista a los edificios del continente.
REGRESO
El viaje de vuelta fue por las mismas rutas que la ida.
Antes de salir de la isla los carteles te van indicando “continente” reforzando
la curiosa idea de que durante varios días habíamos estado fuera del continente
sudamericano, en una isla llamada Santa Catarina. El gran puente Hercilio Luz , inaugurado en 1926, es una bella
postal de la ciudad, pero fue cerrado por motivos de seguridad en 1982.
Actualmente se cruza por dos puentes paralelos, de 1975 y 1990 respectivamente.





























































































